Esmeralda
Ojos grandes que irradiaban esperanza y una larga cabellera rubia que deslumbraba a todos pero sobre todas las cosas, un gran corazón que cautivaba sin comparación.
Ella era Esmeralda, una chica joven, noble, hermosísima, de familia pudiente y llena de valores y principios que en ella había sembrado amorosamente su abuela. Si, su nombre era como una de las joyas más hermosas y costosas, sin embargo, aún mayor era el valor de esta valiente jovencita que supo anteponer el amor y el respeto por los seres humanos que los prejuicios de la sociedad.
A pesar de la gran fortuna que amasaban sus padres, quienes trabajaban arduamente para darle el mejor de los futuros a su única hija, ésta jamás puso como prioridad, las cosas materiales que le rodeaban.
Sus padres viendo lo diferente y profunda que era su hija del resto de las chicas de la alta sociedad, trataron por todos los medios de encontrar un galán que fuese merecedor de su hija pero a la vez que la pudiese introducir en ese mundo vacío (así lo llamaba Esmeralda).
Teniendo conocimiento de la pretensión de sus padres y por querer evadir de alguna manera los compromisos que iba a tener que afrontar con los diferentes pretendientes, habló con sus padres y les dijo que estaba interesada en tomar clases de arte y música pero en su casa, uno por la mañana y el otro por la tarde con la finalidad de mantenerse ocupada durante todo el día.
Los padres sumamente extrañados de su solicitud, le dijeron que mejor sería que se matriculara en los prestigiosos colegios que existían para ello o aún mejor que viajara a algún otro país para que aprendiera y perfeccionara esas artes.
No obstante, Esmeralda con un rotundo y determinado no, desafiando la gentileza de sus padres en buscar las mejores opciones de estudio para ella, sostuvo su decisión de estudiar en casa y también sostenidamente dijo tener los profesores que quería para que le impartieran dichas clases.
Esmeralda, se había tomado la tarea de investigar minuciosamente la vida de dos jóvenes hermanos que se ganaban la vida trabajando en el parque cercano a su exclusiva comunidad, éstos eran huérfanos, sus padres habían muerto en un aparatoso accidente de tránsito.
Como cada tarde, asistía con su abuela a dicho parque, su mejor excusa para salir de casa a un lugar como éste, fue su cómplice en todo, hasta en ayudar a su nieta a descubrir que hay gente con talento pero limitada por una sociedad que los menosprecia por no tener apellidos de abolengo.
Ambos hermanos eran súper talentosos, el chico tocaba el violín, mientras que su hermana que había quedado ciega por el accidente, ponía en completa y total ejecución su sentido de la audición, tomaba su lienzo y su lápiz y dando rienda suelta a su imaginación, a través, del sonido tanto del violín como de todo su alrededor lo plasmaba en hermosas obras de arte.
Esmeralda y su abuela, le observaban desde una distancia cercana pero prudente. Hasta que un día, sin resistirse más se acercaron a felicitar a tan talentoso dúo. Para sorpresa de ambas, al oír Alfredo la voz de Esmeralda, se sonrojó y le preguntó eres la chica que viene cada tarde con su abuela a apreciar a este humilde dueto? Entonces Esmeralda con gran asombro sonrió y con voz temblorosa dijo, si soy yo. Luego Rebeca, la hermana, le dijo: me permites tocarte a ti y a tu abuela? Necesito dibujarlas.
Rebeca les manifestó, te escucho cantar las canciones que toca mi hermano con su violín para deleitar a nuestro público, tu voz es muy particular. Adicionalmente, puedo escuchar otra delicada y tierna voz que siempre te dice: excelente voz mi pequeña.
Los cuatros se despidieron con una sonrisa pero ya estaba en el corazón de Esmeralda ayudar a estos jóvenes talentosos con un don extraordinario.
Llegaron a casa y la abuela suavemente le susurró: mi pequeño gorrión llegó la hora de volar. Tú y estos chicos tienen mucho para dar.
Por un año, dieron sus clases llegando a compenetrarse de tal manera que los padres no pudieron negar que los maestros de su hija poseían un talento innato y al verla tan feliz y realizada propusieron crear una escuela de arte y música en donde quienes no podrían cubrir los gastos se les otorgarían becas.
Y así se hizo y aún más, antes de abrir la escuela Alfredo pidió la mano de Esmeralda y se casaron, y su hermana Rebeca participaba con ellos en todas las cosas. La abuela murió pero pudo ver el fruto del corazón de lo que había sembrado en Rebeca y no faltó en su lápida un hermoso dibujo de ella y su nieta firmado por la talentosa Rebeca.
Finalmente el padre y la madre reconocieron que la joya de mayor valor que habían podido adquirir durante tantos años de trabajo extenuante era su joven y amada Esmeralda.