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El Poder de Amor
En un pequeño pueblito muy lejano, vivía una hermosa familia, una madre con su esposo y sus dos pequeños hijos Marcos y Lulú.
El padre era un gran cazador. Era fuerte, valiente y amaba mucho a su familia. Su esposa era una mujer delicada, serena y dedicada a los quehaceres del hogar y al cuidado de sus pequeños. Ambos eran el complemento perfecto para sus hijos
Lúlu era una niña muy alegre y tranquila mientras que Marcos muy inquieto e intrépido.
Los niños jugaban en la pradera mientras su madre hacía los quehaceres y su padre se mantenía afuera en sus labores de cazador.
Había ocasiones en que el papá regresaba muy tarde y cansado pero siempre sacaba fuerzas para jugar aunque sea un corto rato con sus hijos.
Un día el padre enfermó y a pesar de todas las medicinas naturales hechas con amor por su esposa y riquísimos caldos de diferentes animales que la madre preparaba para él, no fue posible mejorar su condición de salud. Pasaban las semanas y el padre de los niños empeoraba.
El padre reunió a su familia y les dijo, dadas las circunstancias, tendré que salir a cazar, hay poca provisión porque mientras he estado enfermo se ha ido acabando todo. Necesito que se mantenga unidos y sino regreso prométanme que llamarán a su tío Dani para que venga y les ayude. Le he dado instrucciones de qué hacer si les llego a faltar.
Todos escuchaban atentamente pero con un nudo en la garganta y un dolor muy profundo en sus corazones, sin embargo, en silencio y asentando con sus cabezas acataban las directrices de su padre.
Todos se abrazaron, se besaron, hicieron una oración y se dieron las buenas noches. La mamá se acostó al lado de su esposo y los niños se retiraron a su cuarto donde dormían juntos en camas separadas.
Ya acostados en su cama, cada uno empezó a planear cómo ayudar a papá y este pensamiento dio lugar al poder del amor.
La mamá había determinado salir 10 minutos después de la salida del papá para socorrerlo porque sus fuerzas eran pocas y sólo no lo lograría. Ella sería su apoyo y juntos regresarían a casa, fue el pensamiento de la madre.
Lúlu se decía, saldré quince minutos después de mi papá porque aunque él no lo sabe, aprendí a hacer conservas de caldo que prepara mamá, se las llevaré, las calentaré, se las daré a tomar y con esto mi papá se sentirá mejor y regresaremos juntos a casa.
Mientras tanto, Marcos dijo, yo saldré 30 minutos después de la salida de papá, tomaré un atajo para alcanzarlo e iré detrás de él cazando por el camino, y luego de haber cazado tres animales grandes, tendremos buena provisión para que papá pueda regresar y quedarse en casa hasta que sane completamente.
Unidos y conectados por el poder que sólo genera el amor, el padre sale de casa en busca del sustento de su familia, decidido a entregar hasta su último suspiro para que a su familia no le faltara nada. Una vez por el camino y empezando a desfallecer, aparece la madre, lo toma del brazo y le dice estoy contigo mi amor, lo lograremos. Pasos más adelante aparece Lulú, aquí estoy mamá traigo caldo que fortalecerán y darán vigor a papá. Minutos después aparece Marcos y dice papi no te preocupes, podemos regresar, tenemos provisión suficiente para que vuelvas a casa y te recuperes, sé cazar. El padre sorprendido, abrazó a su familia y felices se devolvieron por el camino.
Ya en casa, observaron una carta en la mesa que decía: “El poder del amor… hermano traje medicinas. Les llamé pero al ver que no hubo respuesta supe que algo no estaba bien. Espero su llamada al volver, hoy puede saber que los une un poder. Los amo Tío Dani”.