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Tomás era un niño que le encantaba la paz. Le gustaba vivir en armonía, sin violencia ni conflictos. Le gustaba respetar a los demás, sin importar su color, su origen o su religión. Le gustaba ayudar a los necesitados, sin esperar nada a cambio. Le gustaba soñar con un mundo mejor, sin guerras ni sufrimiento.



Un día, Tomás fue con su clase al museo de la paz. Era un museo que tenía una exposición sobre las guerras y sus consecuencias. Tomás se puso unos auriculares y una tablet. Escuchó y vio la historia de las guerras. Vio las imágenes de las batallas, las bombas y las armas. Vio las caras de los soldados, los heridos y los muertos. Vio el dolor, el miedo y la tristeza.



Tomás se quedó impactado y conmovido. No entendía por qué había tantas guerras. No entendía por qué había tanta violencia. No entendía por qué había tanto sufrimiento. Se preguntó qué podía hacer él para evitarlo. Se preguntó qué podía hacer él para cambiarlo.



Tomás se acercó a una pantalla que tenía un mapa del mundo. En el mapa se veían los países que estaban en guerra y los que no. También se veían los datos de las víctimas, los refugiados y los desplazados. Tomás tocó la pantalla y vio que había un botón que decía "Desea la paz".



- ¿Qué es esto? - se preguntó Tomás.



Tomás pulsó el botón y vio que se abría un formulario. El formulario le pedía que escribiera su nombre, su edad, su país y su deseo de paz. Tomás rellenó el formulario y lo envió. Luego vio que su deseo aparecía en la pantalla, junto a otros deseos de otros niños.



- Mi nombre es Tomás. Tengo 10 años. Vivo en Uruguay. Mi deseo es que paren las guerras por favor - decía el deseo de Tomás.



Tomás se sintió feliz y orgulloso. Pensó que su deseo era muy bonito y muy importante. Pensó que su deseo podía hacer la diferencia. Pensó que su deseo podía llegar al corazón de los que hacían las guerras.



Pero lo que Tomás no sabía era que su deseo tenía un poder especial. Era un deseo que se cumplía. Era un deseo que se hacía realidad. Era un deseo que se convertía en acción.



El deseo de Tomás salió de la pantalla y viajó por el mundo. Llegó a los lugares donde había guerras. Llegó a los oídos de los que las provocaban. Llegó a las mentes de los que las sufrían. Llegó a las almas de los que las padecían.



El deseo de Tomás hizo que las guerras se pararan. Hizo que las armas se callaran. Hizo que las bombas se apagaran. Hizo que las batallas se acabaran.



El deseo de Tomás hizo que la paz se extendiera. Hizo que el diálogo se abriera. Hizo que el perdón se ofreciera. Hizo que la reconciliación se lograra.



El deseo de Tomás hizo que el mundo cambiara. Hizo que la violencia se redujera. Hizo que la justicia se aumentara. Hizo que la felicidad se compartiera.



Tomás volvió a su casa con su clase. Le contó a su familia su visita al museo de la paz. Les contó su deseo de que paren las guerras por favor. Les mostró su deseo en la pantalla de su tablet.



La familia de Tomás lo escuchó con atención y le felicitó por su deseo. Le dijeron que era un niño muy bueno y muy valiente. Le dijeron que era un niño muy sabio y muy sensible. Le dijeron que era un niño muy lindo y muy querido.



Tomás se sintió feliz y agradecido. Había hecho un gran deseo. Había logrado una gran paz. Había encontrado un gran tesoro.



Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.