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Entre unos arbustos resonaba un agudo quejido, y un charco de sangre se expandía por el suelo: un jabalí agonizaba lentamente. El disparo había sido certero, y sus gritos de lamento desesperado inundaron el bosque. Siguiendo el rastro de sangre dejado por el animal herido, unas botas de militar de color negro se detuvieron frente al desafortunado jabalí, que gradualmente iba exhalando sus últimos suspiros.
De cuclillas frente al enorme animal, el hombre de las botas negras dijo: "Luchaste mucho, amigo. Es la ley de la naturaleza". Para terminar con la agonía del animal, el hombre sacó de su cintura un afilado cuchillo y lo clavó sin pensarlo dos veces en su presa.
Después de un día de tanto trabajo y paciencia, el hombre de las botas negras había cazado su comida. "Este jabalí me dará muchos días de comida", dijo mientras limpiaba su cuchillo con unas hojas de un arbusto y lo guardaba en su funda. A la cuenta de uno, dos y tres, usó todas sus fuerzas para levantar al animal hasta su espalda. A pesar de su gran tamaño y contextura física, no le resultaba muy fácil cargarlo. Sujetó bien su rifle y emprendió el viaje de vuelta a su cabaña, justo a tiempo antes de que la oscuridad se apoderara del día.
<<Fue una caza dura>> pensó Víctor mientras recordaba todo el trabajo que realizó para poder cazar al jabalí. <<Nunca había visto a un animal tan furioso>>, añadió, recordando en lo agresivo que fue el jabalí y lo feroz de su gruñido.
Los ojos de los animales nocturnos resaltaban en la penumbra mientras vigilaban al cazador, quien llevaba su trofeo en la espalda a través del bosque.
Los años habían pasado desde que decidió alejarse de su vida en la ciudad; pero siempre que regresaba a su cabaña, los pensamientos nostálgicos lo invadían. Antes era un hombre de familia y trabajador, pero ahora era un hombre viejo y solitario, tan solitario que a veces olvidaba su propia voz, hasta de su vida anterior a aquel acontecimiento. Aquel recuerdo más frecuente de su vida pasada era el que más quería olvidar.
En esta ocasión, se alejó demasiado de su cabaña para poder cazar y prácticamente recorrió muchos kilómetros sin ver ni siquiera una ardilla. Parecía como si la fauna hubiera desaparecido por completo. En su larga caminata por el bosque, los troncos secos esparcidos por el camino y los arbustos simulaban espectros de la noche que observaban su andar. Era terrorífico el bosque en plena noche, como si fuera la escena de una película de terror.
Después de tanto caminar y silbar, su boca y garganta empezaban a secarse, y necesitaba hidratarse. El ruido de su estómago le recordaba que también tenía hambre. Víctor se detuvo y sacó su cantimplora para beber un poco de agua fresca. Dejó al jabalí en el suelo y se sentó en un tronco, se quitó las botas y notó que sus pies estaban colorados y con señales de ampollas. -Carajo-, gruñó. Sacó una larga venda de su bolsillo trasero, la cortó y envolvió ambos pies. -Esto será suficiente-, se puso nuevamente las botas, cargó al jabalí en su espalda y emprendió de nuevo el regreso. Apresuró el andar, el hambre y el cansancio eran sus motivadores para aumentar la intensidad.
La noche caía tranquila y con ella el silencio.
De repente, una leve brisa sacudió las hojas de los árboles, y acompañando al viento, el susurro de su nombre: -Víctor-. Se detuvo y miró rápidamente hacia todos lados, confundido. -Debe ser mi imaginación y el maldito hambre-, rió. La brisa volvió, y con ella, nuevamente el susurro de su nombre. -¿Quién está ahí?- gritó, furioso. Su corazón se aceleró, y en su estómago subía un ardor. Después de tantos años viviendo como ermitaño, volvía a escuchar su nombre, pero ¿quién lo pronunciaba? Volvió a gritar: -¡Sal, maldito!- Tiró al jabalí, alumbró con su linterna y con su rifle apuntaba en todas direcciones. -¿qué quieres? grito- ¿mi presa? ¡Vas a tener que matarme primero!-pasaron los segundos, nadie apareció. la brisa ceso. Sus latidos seguían alterados. Frunció el ceño. Apretó los dientes e hizo un disparo al aire. -¡cobarde!- gritó con todas sus fuerzas.
Con el jabalí a cuestas, la caminata se hizo interminable y agotadora. Con cada paso, el peso del animal parecía aumentar
Finalmente, llegó a su cabaña, cuando subió los tres escalones hasta su puerta, soltarlo aliviado al imponente animal. Al abrir la puerta, su mirada seria se dirigió hacia los árboles del bosque cercano. <<Es imposible que alguien me esté siguiendo>>, se dijo. <Estoy solo. Nadie conoce este lugar ni mi nombre, a menos que sea mi... familia>>. Apretó con fuerza el picaporte y agachó la mirada. <<Me estoy volviendo loco>>, respiro y avanzo. De repente, antes de entrar completamente, las hojas que había en su entrada comenzaron a moverse con el viento, que trajo consigo un susurro que parecía pronunciar su nombre otra vez:-Víctor-. Sobresaltado, miró hacia el bosque y descubrió una figura escondida entre los árboles. -¡Eyy-!! Gritó, agarrando su rifle y corriendo en dirección a la figura. Se adentró de nuevo en el bosque. -"-Eyy! ¿Quién eres?- gritó desesperado. -Mary... ¿eres tú?- Su respiración se aceleró. -¡Hijas!- Los gritos lo dejaron afónico. Su cuerpo se paralizó y cayó de rodillas, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos acompañadas de un lamento desgarrador. los años pasaron y la soledad en este bosque lúgubre y alejado, afecta a su memoria a tal punto que a veces le juega bromas extrañas. Hasta logra su cometido en varias ocasiones. Olvidarse que su familia había muerto. Caer en esa realidad lo devasta.
El aire frío y la oscuridad siniestra dominaban su hogar, como siempre. Encendió una vela que estaba cerca de la entrada y todo se veía vacío, gris y triste. Dejó al jabalí en la cocina y se dirigió al hogar para encender el fuego. las acerco para calentarse y con la mirada perdida en las llamas, notó por primera vez que sus manos estaban arrugadas y sucias. Después de tantos años viviendo en soledad, nunca había notado el paso del tiempo; su vejez; su vida.
Con sus manos frías, tocó cada sector de su cara, su larga y canosa barba. Con rapidez, se dirigió al baño a pesar del espejo sucio y agrietado, vio el rostro de un hombre de cincuenta y tantos años. Su mente se esforzó para recordar exactamente cuántos años tenía. Fue en vano. El pelo largo, sucio y despeinado. Las arrugas marcaban sus expresiones, las que su barba larga y blanca no tapaban; le daba una apariencia de un hombre repugnante, leproso.
Veía todo lo que era, pero no el reflejo de un hombre loco. A pesar de haber sido siempre escéptico a las supersticiones, la soledad lo había llevado a ver y oír cosas que no eran reales.
Un trozo de carne rechinaba en el fuego mientras aquel hombre yacía en su silla de madera, mientras sus ojos contemplaban fijamente su rifle colgado encima de la chimenea. Desde que su vida pertenecía al bosque, su única compañía eran sus pensamientos, el sonido de los animales en la noche, y su rifle. Sabía que su escape de aquellos malos recuerdos se encontraba a unos pasos, en el gatillo de su arma, a un solo movimiento de su dedo.
Mientras su rostro se iluminaba por la luz del fuego, su mente estaba dispersa, invadida por pensamientos que venían y se iban como la brisa en la noche. A veces, se olvidaba por completo de su vida pasada, pero nunca podía escapar de los recuerdos. Había momentos felices, como cuando lo nombraron oficial de policía o el nacimiento de sus hijas, pero también los había tristes, que lo hacían doblarse de dolor. Siempre reaparecían y lo perseguían, estuviera donde estuviera.
La figura en la oscuridad lo hizo sobresaltarse. -¿Será la muerte que viene a buscarme?-, se preguntó. Pero enseguida desechó esa idea. -Mejor como algo, antes de que el hambre me vuelva loco-, se dijo, con tono frustrado por la idea de que la muerte lo haya olvidado.
Se levantó de su cómoda silla, para tomar un trozo de carne asada, pero se detuvo en seco y pensó: << ¿Qué pasaría si la figura estaba ahí afuera, observándolo? >> Tomó su rifle y se dirigió hacia la puerta, dispuesto a enfrentar lo que fuera que estuviera ahí. No había ninguna figura.
Nada. Solo él, los árboles, y ahora su mente perturbada por alucinaciones.
De un gran mordisco, arranco y comió la carne asada del jabalí enorme y jugoso. Mastico y trago. Apenas saboreo la carne. Volvió a cortar otro pedazo con sus dientes dañados por la falta de higiene. Esta vez mastico más lentamente. Cerró los ojos para disfrutar más el sabor; -mierda- dijo. Escupió la comida de repente. Bebió un poco de agua, hizo gárgaras y escupía. -mierda, mierda- tiraba insultos al aire. Tiro con rabia el pedazo de carne al fuego. por toda la boca sentía un sabor agrio, podrido. Los vasos de agua no podían calmar aquel sabor. -el maldito jabalí enfermo- pensó. Nunca había tenido este problema con otro jabalí. Es la primera vez que le sucedía. -mierda-. El estómago lo tenía revuelto; se le fue el apetito. Tiro al fuego toda la carne que se cocinaba en el fuego, mientras que las náuseas lo invadieron.
Furioso por haber perdido el apetito, a causa de aquella carne podrida, tiro que furia su silla por los aires; su cuerpo comenzó a sentir débil, por el hambre y aquel malestar del estómago, así su decidió fue acostarse. Estaba tan descompuesto que pensar en hacer un te lo estresaba. Era su mejor idea, ir dormir, y que el sueño ayudara a recuperarse.
Mientras buscaba conciliar el sueño, un dolor repentino en la boca del estómago lo hizo quejarse y maldecir. Entretanto experimentaba un calor interno, como si todos sus órganos ardieran. El corazón le latía con mucha intensidad. Desesperado por el malestar busco levantarse de la cama. El dolor era tal que sus piernas le fallaron, trastabillo y cayó abruptamente al piso; de rodillas gemía dolorido. Sin saber que le ocurría trato de levantarse nuevamente para ir al botiquín en el baño, --debe haber algo para tomar que ayude a calmar este dolor- murmuro entre dientes. Con una mano se sostenía de una silla y con la otra se agarró el abdomen. A punto de levantarse, un fuerte dolor de cabeza lo arrojó bruscamente al frío piso nuevamente. Sin energías para poder arrastrarse. Se quedó de espalda al suelo. Las náuseas eran cada vez más fuertes, ese primer y único bocado, le había causado un angustiante malestar. En su cabeza podía reprocharse de no haber tomado un té.<<como si un simple te fuera mágico>> se dijo sarcásticamente. Sin otra alternativa en esta circunstancia, metió sus dedos en la boca para poder provocarse el vómito, tal vez eso lo calmaría. Entre arcadas y nauseas, pudo eliminar parte de la comida contaminada. En el piso quedó una gran mancha; una sustancia negra y maloliente.
Comenzó el alivio. El corazón aminoraba paulatinamente sus descontrolados latinos.
Ahora pudo pararse y mantenerse de pie. Aunque su cuerpo lo sentía débil, prendió la luz, y sorprendido pudo ver el desastre en el piso.
-mierda.
Al día siguiente, luego de una noche para el olvido. Todavía podía sentir en su boca un sabor agrio, y no podía satisfacer su sed, aunque tomara litros y litros de agua. Esa intoxicación lo dejó deshidratado. Ni contar con el dolor de cabeza. Lo primero que hizo esa mañana fue directo con los restos del jabalí; descubrió que su carne tomo un tono de color oscuro. Ni las moscas se acercaban. << aunque estuvieran mal conservada, nunca podría descomponerse de tal magnitud>> afirmaba en su mente.<< mucho menos en pocas horas>>.
-algo raro tenía este animal- dijo mientras se tapaba la boca para no vomitar de nuevo.
A la mañana siguiente, a unos 500 metros de su cabaña, Víctor, llevó a rastra el resto de ese animal infectado para enterrarlo. Debía hacer un pozo profundo. Así de este modo ningún otro animal podría detectarlo, desenterrarlo y comerlo; y pasar una noche tan mala como él había sufrido.
Luego de varios minutos, que para el cansado hombre parecieron horas, pudo enterrar al jabalí, a sus restos. Exhausto, tomo un trago de agua en su cantimplora. Con la mirada distante, no podía sacar de sus pensamientos, la secuencia del día que cazó al jabalí. en ese momento no tuvo mucha importancia el comportamiento de ese animal, pero ahora que lo piensa con calma; actuaba de una forma totalmente descontrolada. -que estúpido- se dijo mientras negaba con la cabeza. Sentado en un tronco seco, sólo podía ocupar su mente con lo que le había ocurrido a ese pobre animal. - estabas sufriendo; porque te encontrabas enfermo o te acababas e infectar- se dijo- y yo te mate, te cocine y te comí- una leve risa se dibujó en su rostro perturbado. -como quisiera un cigarrillo- gruño frustrado. Hace años que dejó esos malditos vicios. Sus pulmones se lo agradecen, pero su ansiedad no. apretando el puño y los dientes, trata de controlarse, pero nada evita que la ansiedad lo domine. Débil y cansado, solo puede quitar su malestar con un grito y unos golpes al suelo.
El malestar volvió. -mierda. Me habré enfermado-dijo entre dientes-. El gruñido era de dolor físico ahora. Un sudor frio cubrió todo su cuerpo. Veía que los árboles bailaban, de un lado al otro. Su cuerpo poco a poco le fallaba. Los minutos pasaban y ese padecimiento no disminuía. El aire comenzó a faltarle; no podía respirar. Con todas sus fuerzas trataba de mantenerse despierto y no desmayarse en medio de la nada. Moriría por el frio. Sus esfuerzo no sirvieron.
-¡¡Víctor, desacelera, Víctor!!
-¡¡Cállate!! ¡No me digas cómo manejar!
La noche fría cayó. y Víctor, seguía en aquel lugar lejos de su cabaña, inconsciente. Recordando a través de esos sueños aterradores.
-!!Despierta, Víctor!!-
Despertó exaltado. Miró a su alrededor; estaba completamente oscuro. No comprendía dónde estaba; qué ocurría. Sintió frío en todo su cuerpo. Frotándose las manos, buscaba recuperar calor. Miró a su derecha y vio la pala que utilizó para cavar el pozo en donde enterró a ese maldito animal. Recordó cómo había terminado en ese lugar. -¿cuántas horas habré estado desmayado?- se preguntaba. Debía volver pronto a la cabaña.
La luna estaba en su máximo esplendor. Guiaba a Víctor de regreso a su hogar.
Han pasado varios días desde aquel acontecimiento ocurrido con ese animal salvaje. Todavía puede sentir en su cuerpo aquellos dolores y malestar. Sin contar con la secuela que le dejó. Un terrible dolor de cabeza que le frecuenta de vez en cuando. Gracias a una infusión de hierbas, puede calmar esa molestia. Aunque cambió en cierta medida su dieta habitual. Desde que comió y se auto provocó el vómito, para eliminar a esa carne contaminada, su estómago ha quedado tan sensible que pensar en comer cualquier tipo de carne, le provoca unas náuseas fatales. El vegetarianismo es su menú ahora. Y siempre.
Los cultivos y los frutos secos que encuentran por el bosque ahora son su prioridad y su proveedor de nutrientes. El cambio de alimentos ayudó a sentirse más saludable y con más energía. El exceso de grasa abdominal fue bajando mientras pasaban los días. Podría decirse que es el lado bueno, de lo malo ya vivido. Aunque en su mente sigue rondando la pregunta ¿qué habría infectado a aquel jabalí?
Los días pasaron y pasaron. Pero Víctor decidió permanecer en su cabaña durante todo este tiempo. Cuidando sus cultivos, ejercitándose y reparar su vieja y sucia cabaña. Tantos años viviendo en ella que nunca se dio el tiempo de limpiarla. Aunque él no la construyo, los años vividos ahí, lo hacían sentir como suya.
Esos días ayudaron a recuperarse de la mejor manera, tanto física como mentalmente. Las hierbas fueron de gran ayuda. Mejor que cualquier medicamento.
El invierno continuo con días muy fríos.
Pasadas unas semanas pudo sentir que ha vuelto a ser el de antes. Mucho antes de todo lo que le pasó con incluso con ese animal. Siente que su cuerpo está lleno de energías de nuevo. Ha recuperado su fuerza. Aumentó su masa muscular y perdió toda aquella grasa que lo enfermaba y ralentizaba. Su mente estaba tranquila. Nada de pensamientos corrosivos. Hace tantos años que su vida es vivir en el bosque, solitario. Su rutina se basaba en la cacería y regar los cultivos. Hacer todo lo posible para mantenerse ocupado, así evitar que regresaran los recuerdos. Pero nunca se tomó el tiempo de poder explotar el bosque; conocerlo. Nunca se detuvo a contemplar una flor; ni como las aves arman sus nidos.
El suceso con aquel animal abrió su mente. Era momento de cambiar. Volvió a mirarse al espejo, con otra mirada, ya no era una triste y melancólica; ahora sus ojos brillaban. Debía cortarse el pelo. Por vivir lejos de todo ser humano, no debía dejar sus principios. Con unas tijeras recorto poco a poco el pelo largo que pasaban sus hombros. La barba también la retoco. -sí, así me gusta más- se decía mientras miraba a un nuevo Víctor...Víctor, de la vega. En las noches frías frente a la chimenea, en donde aquel rifle colgaba expectante, Víctor, ya no lo miraba con aquella solución a todo su sufrimiento. Ahora es solo un objeto más.
Pasaron más días.
Llenó su cantimplora de agua. Se colocó sus botas negras. Se abrigó con una campera gruesa con lana en el interior, y por si la caminata se volvió extensa guardo también su linterna; que la modifico para que se recargue con un pequeño panel solar rudimentario. El rifle… ya no era necesario. El hacha sería su acompañante en esta tarea. Sin más tardanza, emprendió su paseo esa mañana.
En su caminata encontró un pequeño jabalí atrapado en una de las trampas que él había construido y esparcido en todo el bosque. Al ver al pobre animal indefenso, atrapado de su pata trasera, recordó al jabalí que le causo el terrible malestar. Sintió enojo y furia, pero la imagen de aquel ser vivo le causo un remordimiento en lo más profundo de su ser. Decidió soltarlo y curar su pata con unas vendas. El pequeño jabalí salió a toda prisa y se adentró en el bosque. Su alma se sentía tranquila.
Pasando unos arbustos encontró unas huellas en el suelo. Eran huellas grandes. Estaban por todos lados. -algo enorme estuvo aquí.- dijo con tono temeroso.-sea lo que sea, estaba furioso.- las huellas mostraban un claro indicio de alguna pelea. - ay amigo. Espero que solo te hayas levantado con el pie izquierdo- dijo Víctor, acomodándose los guantes.
Continúo caminando lentamente. Como un turista observaba con atención cada árbol y animal que encontraba. Su estómago le pedía comida; crujía de hambre. Corría un viento frio. Ahora sin barba espesa y su largo pelo, podía sentir un frio olvidado para su cara y cabeza. Encontró un gran tronco a unos metros. Dejo la mochila a un costado, se sentó y comenzó a sacar algunos frutos secos. Un pequeño bocadillo para recuperar fuerzas. Luego de unos minutos, volvieron aquellos dolores de cabeza. La última vez que el malestar provoco que se desmayara, casi muere de frio. De su mochila saco una botella con un té que preparo utilizando algunas hierbas. Eso le ayudaba a calmar el dolor. Tumbó la botella y bebió todo el contenido. -esto me dejaría 10 puntos- decía saboreando el líquido y mirando la botella casi vacía. El viento trajo consigo un olor fétido y nauseabundo. Le revolvió el estómago. - algún animal muerto debe estar cerca- dijo mientras se tapaba la nariz. Caminando unos metros, detrás de unos arbustos, una sustancia negra que se encontraba esparcida por todos lados. Observando con más detalle, pudo relacionar que esa sustancia es similar a la que vomitó aquella noche que comió ese jabalí. Perplejo, por lo encontrado, trato de buscar algún rastro o indicio de aquel animal que pudo provocar esa escena. Siguiendo el rastro en el suelo de la sustancia que cada vez se hacía menos. Resignado, decidió dejar de buscar. Sus ojos se abrieron sorprendidos al ver la marca de una garra, aparentemente, grande y profunda en un gran árbol que está a unos centímetros. -mierda… ¿qué cosa eres?- se preguntó asustado. Esa marca dejo a Víctor, un poco ansioso. El rifle Lo dejo en la cabaña. Su ansiedad aumento. Sus sentidos pasaron a modo alerta. Concentrándose de oír cualquier ruido extraño. Lentamente retrocedió, levanto la mochila, agarro fuerte el hacha con su mano más hábil. Se arrodilló para examinar la zona, y proteger su ubicación. -no hay nada Víctor, son huellas viejas- se repetía en su mente- es hora de volver a casa-. Debía procurar volver con el máximo sigilo. Evitar los ruidos que puedan anunciar su ubicación. Bajo unas ramas dejo los frutos secos y esparció el poco de té que le quedaba. Así esa cosa y cualquier otra cosa que esté rondando el bosque se enfocara en el señuelo.
No tardó mucho en llegar a su cabaña.
Pasaron varios días, y Víctor, utilizo ese tiempo trabajando en su cabaña, reforzando las puertas y ventanas. Afilo su hacha, y siempre mantenía el rifle cargado; y cerca de él.
Las nubes cubrieron el cielo en la noche, la lluvia se avecinaba. El fuego en el hogar calentaba hasta los rincones más fríos de la cabaña. Una sopa de verduras junto al fuego era prácticamente su menú en los últimos días. las noches se volvieron diferentes. La tranquilad y la paz, comenzaron a provocar en su interior una ansiedad que no había tenido. Después de tantos años en soledad.
Sentado en las escaleras de la entrada de su hogar, aquel hombre solitario veía la lluvia caer, ya que un techo improvisado de madera lo cubría de la tormenta. Tomando un té de hierbas y comiendo unos frutos secos. Vuelve a sentir que desearía tener un cigarrillo en este preciso momento. En el último sorbo del té, siente que alguien le susurrara en el oído su nombre. Como esa vez en medio del bosque. Se levantó deprisa y dio un giro. No había nadie. Confundido, busca en sus alrededores a esa figura extraña. Ahí entre unos árboles, se encontraba aquella figura. Parecía más pequeña en comparación de aquella vez en el medio del profundo bosque. Debía ser porque estaba a unos 16 metros de distancia. La figura comenzó a realizar movimientos singulares. Víctor, como un espectador viendo una función de teatro, se quedó inmóvil y en silencio. Solo observando. De repente la figura comenzó a crecer. Su altura era cada vez más alta y un rugido feroz estremeció la noche y a Víctor. Esa figura con rasgos humanos, se convirtió en una criatura terrorífica de unos 2 metros de altura. Aun en la oscuridad sus ojos brillaban. Eran rojos como los del mismo demonio. Abrió su enorme boca reluciendo sus bestiales colmillos. y de nuevo produjo ese rugido feroz que estremeció nuevamente a Víctor. De sus enormes fauces chorreaba un líquido oscuro y espeso. Víctor aterrorizado por la escena de esa imponente criatura. Lentamente retrocedió hasta la puerta. Evitando ocasionar el más mínimo ruido. La bestia continuaba moviéndose de un lugar a otro al azar. Como si estuviera peleando contra su propia sombra. A punto de entrar a la cabaña, la taza del té, se le resbala entre los dedos. Emitiendo un ruido que alertaba a la criatura de su ubicación. Víctor, miro fijo a esa criatura. Sus ojos se cruzaron, y la bestia imponente no tardó en correr hacia la cabaña, a pesar de su tamaño la criatura se movía a una gran velocidad. Se trasladaba en cuatro patas a toda velocidad. Víctor, asustado entró y cerró la puerta con toda la seguridad que tenía. En unos segundos sintió como la puerta se retorcía con la embestida. Víctor, retrocedió mientras que la criatura feroz, continuaba golpeando la puerta. -no resistirá mucho la puerta- dijo Víctor, atemorizado. Cuando la bestia logre entrar, y lo hará, tendré que defenderme- buscando su rifle con la mirada, logra verlo al lado de la puerta que lo separa de la bestia. Sin dudarlo corre a buscarlo. Mientras la bestia continuaba con su embestida. al tomar el rifle, aquella criatura cesó su ataque. Todo quedó en silencio. Víctor, sabía que ese silencio no significaba que todo había terminado. Presentía en su ser que algo estaba para ocurrir. Su rifle estaba preparando. Con mucha delicadeza camino hasta la ventana que estaba al lado de la puerta. De cuclillas, miró cuidadosamente. la bestia ya no estaba. Desapareció.
De repente sintió el rugido de aquella bestia nuevamente. Apunto con su rifle por la ventana. y disparó rompiendo el vidrio apenas vio a ese tanque con cuatro patas. Fallo. El segundo le atinó a su espalda. La criatura continuó su embestida hasta que pudo derribar la puerta que lo separaba de Víctor. Furiosa, rompía todo a su paso. Sin más opciones, Víctor, salió por la puerta ya destruida, y comenzó su escape hacia el bosque. Se ocultó tras un gran árbol sujetando el rifle con sus manos temblorosas. La bestia continuaba con su destrucción en la cabaña. Rugiendo como lo haría una bestia del inframundo. La muerte habrá enviado a esta criatura para terminar con su vida. ¿Ese era su destino? ¿Morir a causa de esa bestia? cargo de nuevo el rifle. Ya no iba a correr más de su destino. Lo enfrentaría como un hombre. Y si moría ya no importaba. Con el arma apuntando hacia la bestia, Víctor, se acercó decididamente a enfrentarlo. -¡¡Oye!!- grito. Mírame, bestia asquerosa-. Los ojos de ese demonio se penetraron en la figura de Víctor. Abrió sus fauces y volvió a rugir. Salto con rapidez las escaleras y comenzó su carrera hacia su presa. Las balas golpearon todo su cuerpo, pero no lograban detenerlo. Hasta que una bala dio en su ojo derecho, la bestia desvió la mirada, y Víctor se arrojó hacia su derecha, dio un giro en un suelo y se levantó como un atleta. la bestia feroz, con su ojo lastimado continuo corriendo hasta que choco con un árbol, la potencia de la embestida inclino el árbol. Gruñendo y enfureciéndose más y más. Víctor observaba y con las manos temblorosas trataba de recargar el rifle.
Apunto a la bestia a la cabeza, << seguro varios tiros en su cráneo lo mataran>> pensó. Cuando su mirada se concentró en la cabeza, noto que lo estaba atacando un oso. Un oso enorme. Ahora no importaba que fuera esa cosa, debía matarlo… y de repente una balacera se escuchó a lo lejos, por la más profundo del bosque, acompañado de un rugido de una criatura. Víctor miro a la inmensa oscuridad del bosque. Tanto la balacera como aquel rugido lo desconcertaron.
El grito de desesperación de personas aumentaron más la a incertidumbre a victo. -¿personas?-
Tardo unos segundos en darse cuenta que algunas personas estaban luchando contra una bestia posiblemente, como Él lo estaba haciendo. Los disparos no cesaron. y aquel monstruo que resultó ser un oso, se escabullo entre los arboles llamado por aquella guerra que estaba ocurriendo en el bosque.
Sin pensarlo, Víctor corrió en la dirección contraria, para buscar refugio en su casa destruida. Cuando llego a las escaleras se quedó tildado, -¿por qué debo huir? - se preguntó- ya no seré un cobarde e iré a ayudar a esas personas-. Recargo municiones, su hacha y su mochila. y partió por detrás del oso.
No podía ver nada. Saco una linterna que estaba en su mochila para poder seguir bien el rastro de la bestia. Camino y camino. Su cuerpo estaba cansándose de a poco. Su velocidad se redujo hasta que se frenó tratando de recuperar el aire.
-Víctor- escucho.
Apuntaba con su linterna a su alrededor en busca de esa figura que lo acechaba.- ¿qué quieres? grito- ¿por qué me persigues? ¡¡DIMELO!!
-¿qué quieres? repitió. La voz comenzó a quebrarse. Aquel hombre rudo, creía que iba a explotar su cabeza en mil pedazos. Presentía que se volvía loco.
-Tú puedes ayudar a muchas personas-
-¿yo? yo… lastimo personas- respondido Víctor- soy una persona mala. Mala. Por eso me aleje de todos, así no pueda lastimar a nadie más…
De rodillas cubierto por la oscuridad vio una luz a lo lejos, era débil, pero debía ser en donde estaban luchando contra una bestia. Frunció el ceño, y salió a toda velocidad.
Los disparos volvieron pero ahora eran menos. y de repente… todo se calmó. La noche quedo en un silencio total.
Lentamente Víctor se acercaba. Apago la linterna y camino entre los árboles.
No veía nada. Ni un ruido. Excepto de un aleteo. Como si una gran ave estuviera levantándose en el aire. Acompañado de una leve corriente de aire.
No veía nada. Así que decidió encender de nuevo la linterna. Alumbro hacia todas las direcciones. En el suelo había rastros de sangre. Mucha sangre.
Entre unos arbustos vio una mano de una persona. Se le vino la mente del jabalí que había cazado, y que aquel animal busco refugio un unos arbustos. Se acercó, -amigo- dijo en voz baja.- ¿estás bien? vengo a ayudarte. Alumbro entre los arbustos y no había nadie, solo la mano arrancada de una persona. Víctor asustado cayo hacia atrás, donde encontró una pierna y más sangre. Era una masacre. Apago la linterna de inmediato. Había llegado tarde, el oso los asesino a todos. Sujeto el rifle con fuerza. Escucho un ruido entre unos arbusto, a unos metros. Apunto con su arma. Su corazón latía más y más fuerte. Debía calmarse, controlar su respiración. Se lo que sea debía matarlo antes que supiera de su ubicación. En su mente repetía << ¿cómo lo voy a matar yo solo? si estos hombres no pudieron…>>
-ayuda- una voz débil interrumpió el silencio
La voz débil volvió a pedir ayuda. Víctor detecto que el pedido de ayuda venia por unos arbustos. Sin pensarlo, se acercó lentamente para poder ayudar a esa persona. Era un hombre de 40 años, estaba mal herido en su pierna derecha. Perdía mucha sangre.
Víctor sorprendido por ver a una persona luego de muchos años. Estaba más sorprendido por ello que por la situación.
Víctor como pudo, llevo al hombre hasta debajo de unos árboles caídos, que formaban una especie de techo.
-tranquilo- susurro Víctor.- te ayudaré.
El hombre herido estaba recostado cerca de la fogata con una mochila como almohada y una gran venda en su herida de la pierna. Un resplandor molesto en sus ojos. Tapando un poco de esa luz con su mano, lentamente comenzó a abrir sus ojos. Observo una figura y con poca fuerza en su voz preguntó:
-¿quién eres?
Miro rápidamente al ahombre, sorprendido y alegre a la vez de que haya despertado del desmayo- me llamo Víctor, y vine a ayudarte- mientras agregaba unos palos a la fogata.
-que me…-una tos seca lo interrumpió- discúlpame, ¿qué me sucedió? no logro acordarme de nada.-
Víctor no sabía exactamente lo que les había ocurrido, solo tenía una idea de que él y sus amigos fueron atacados por algún animal, posiblemente enfermo, como el que lo ataco a él. Recordó a su atacante <<¿donde estará? >> Se preguntó.
-no se bien los detalles, llegue tarde para poder ayudarlos.- hizo una pausa - usted fue el único que sobrevivió al ataque de una bestia al parecer.
El hombre herido, débil por la sangre que perdió, miro fijo a Víctor sin decir una palabra, su mente estaba tratando de reiniciarse. Apretó los dientes y sus manos con fuerza, al parecer habían recordado lo que sucedió. El enojo y la frustración se expresaban en su rostro que estaba enrojecido.
- ¿y… la bestia... Donde esta? pregunto enérgicamente.
-no lo sé. Creo que se fue. De lo contrario no estaríamos conversando en este momento.
La tos volvió y Víctor se apresuró y le sirvió un poco de agua en la cantimplora. La tos se calmó y el hombre agradecía con el pulgar hacia arriba. Víctor asintió con la cabeza y retrocedió para sentarse cerca del fuego.
Impaciente por saber que criatura los ataco y mato a todas esas personas Víctor no espero más y pregunto:
-¿contra qué lucharon? fue un oso también?-
El hombre no respondió a la pregunta, solo cerro los ojos y respiro profundo.
- no lo vimos- se detuvo unos segundos- solo descendió del cielo y nos atacó.
- ¿La bestia que los ataco, y mato a tus amigos. No era un oso?- confundido Víctor, trataba de imaginar que otro animal del bosque podría hacer lo que hizo. y que no fuera un oso.
-no era ningún oso. A menos que el oso tuviera alas gigantes, que le permitieran volar.
Los ojos de Víctor expresaban el desconcierto antes las palabras, y no podía creer los que el hombre le decía. Había otras criaturas enfermas pensó.
-yo luche contra un oso- comenzó Víctor- y al escuchar unos disparos, el oso vino corriendo hacia su ubicación. Y lo seguí. Al llegar vi la masacre que sucedió. Al parecer el oso no llego… todavía.
-ese oso, es de un circo, y se escapó hace unos meses. Vinimos a matarlo. Esa bestia, antes de llegar a este bosque, ataco y mato a varias personas. Por eso formamos grupos para venir a buscarlo y eliminarlo. Estuvimos mucho tiempo buscando su rastro. Decidimos descansar y comer. Mientras encendíamos el fuego, algo bajo del cielo, y se llevó a patricio primero, lo tomo de los hombros y lo levanto. Solo escuchamos su gritos, y a los segundos cayeron… sus… piernas, brazos, y una lluvia de sangre… sacamos nuestras armas, y disparamos como locos. Pero uno a uno fue atrapando y descuartizando en el aire. A mí me tomo de la pierna me levanto pero le dispare, y lo herí porque grito como una marica esa bestia. Y me soltó, y caí en unos arbustos.
-¿cuantos eran los hombres que integraban tu grupo?
-éramos 13-
<<debe haber más animales enfermos. Pero que animal puede tener alas tan grandes? >> se preguntó.
El ardor de estómago comenzó a crecer en Víctor. Que el nerviosismo y el miedo invaden su cuerpo. Frotarse las manos lo evidenciaba.
-dijiste que el oso que buscan, es de un circo, ese debe ser el que me ataco y destruyo mi cabaña.
El hombre herido solo suspiro. el dolor causado por la herida se reflejaba en su rostro. Víctor pudo ver con precisión su herida, y noto automáticamente que era demasiada profunda.
- de dónde eres? pregunto Víctor.
-soy de un pueblo llamado chañar. Y por cierto me llamo Héctor.
Víctor sabía que para ayudarlo necesitaba medicinas, detener la hemorragia no era suficiente, si la herida se infectaba ya no podría sobrevivir. La cabaña estaba muy lejos para buscar medicamentos, ni llevarlo es una opción. <<Tal vez Héctor y sus amigos tendrían medicinas>>pensó.
-Héctor… ¿Héctor trajeron medicinas en sus mochilas?- pregunto Víctor., pero Héctor se había desmayado. Su cuerpo lentamente levantaba fiebre.
Los restos de los cuerpos, la sangre esparcida por todos lados, bañaba toda el área. En las mochilas no había muchos medicamentos; municiones y comida en latas abundaba.
Detrás de Víctor un cuerpo se levantó lentamente, gimiendo. Era uno de los muertos que dejo la masacre. Su cuerpo estaba bañado en sangre, y le faltaba un brazo.
-hola- dijo el cuerpo.
Víctor atemorizado apuntó con su rifle y con su linterna al rostro.
-¿quién eres? ¿eres amigo de Héctor? te…te puedo ayudar- tartamudeo Víctor.
El individuo no respondió. Solo se acercó lentamente.
-hola- volvió a decir el cuerpo. Tosió un poco de sangre.
Confuso miraba su cuerpo y el brazo que le faltaba. Víctor no bajo la guardia, su rifle seguía firme apuntando a la cabeza. Mientras tanto poco a poco retrocedía, así mantener una buena distancia. En su cabeza pensó que también había logrado sobrevivir al ataque y que se encontraba en un estado de shock. La linterna alumbro al rostro del compañero herido de Héctor. Sus ojos estaban blancos y vacíos, propios de un muerto. Víctor no comprendía que sucedía. En el brazo izquierdo que le faltaba, colgaban unas tiras, como si fueran coágulos de sangre.
-no se… que me sucedió- expreso torpemente el cuerpo. - sin embargo…
- fuiste atacado por una bestia - interrumpió Víctor- Héctor sobrevivió, te puedo ayudar a vos también.
-dentro de mi hay una voz…una señal, que me impulsa a matarte… no sé quién eres, aun así te matare.
El rostro de terror de Víctor, cambio a una de asombro por aquellas palabras.
Los ojos del individuo se tornaron rojo. De inmediato se abalanzó sobre Víctor, que logró golpearlo con el rifle en la cabeza. El atacante se tumbó hacia un lado. En ese momento Víctor no dudo un segundo y apretó el gatillo. Las balas golpearon a ese ser, sin lograr hacerle daño. El cuerpo volvió a abalanzarse contra Víctor, y esta vez lo derribó. Con el brazo que le quedaba lo sujetó del cuello, ahorcándolo lentamente.
Por la embestida sufrida el rifle de Víctor se le escapó de las manos cayendo lejos de su alcance. Trato de zafarse golpeando a su agresor con la linterna, pero este ni se inmuto, y prosiguió con su ataque. Lentamente el oxígeno comenzó a faltarle, las fuerzas se desvanecen de los brazos de Víctor. La linterna su única arma en ese momento, resbalo de su mano y giró unos centímetros, hasta que se detuvo en una piedra. Su luz iluminaba la escena en la que aquel individuo que volvió de la muerte, estaba cumpliendo su objetivo.
El ruido de una escopeta sonó, y la cabeza del sujeto sin vida explotó.
Héctor apoyado en un árbol, había disparado con su escopeta.
Las llamas de la fogata iluminaban lo más profundo del bosque. El frio y la oscuridad los rodeaban. Sentado en una piedra, con la mirada fija en el fuego, Víctor pensaba en todo lo que había sucedido. El oso, la criatura voladora, el muerto viviente que lo atacó. Volvía a sentir miedo. Estaba asustado, sus manos no dejaban de temblar. El sudor frío mojaba su rostro.
En su mente reaparecieron imágenes… imágenes de aquel accidente. Recuerdos que desearía olvidar para siempre.
-Víctor, baja la velocidad-
- cállate. No me distraigas.
-tomaste mucho, estas borracho no puedes manejas. Nos mataras¡¡
- estoy bien. Bien…
El reloj del auto marcaba la medianoche. Las calles estaban prácticamente vacías.
El auto cada vez acelera más por la avenida. Los gritos de la familia asustados no eran suficientes para hacerlo entrar en razón y así detener el auto. La esposa y las hijas suplicaban que detuviera el auto. A unos metros el semáforo titilaba en verde. Víctor no se percató que estaba por cambiar el semáforo. La calle que cruza por la avenida, una camioneta avanzó, pensando que ya se cambiara a verde. Quedo a mitad de camino. La tragedia fue inevitable.
-Víctor, debemos ser discretos. Tenemos evidencia de que la camioneta cruzó en rojo. Aunque hayas manejado en estado de ebriedad, él tuvo la culpa. No obstante, deberás ir preso por las víctimas y manejar en estado de ebriedad. No serán muchos años. Eso te lo aseguro. ¿Me entiendes?
-no importa- respondió Víctor, con tal desgano que las palabras solo se caían de su boca.-merezco perpetua… o mejor la muerte.
- ¿pena de muerte? rio el abogado.- acá no hay pena de muerte. y en lo que respecta a la perpetua, nunca sucederá. Como mucho estos 10 años. Menos con buen comportamiento.
No podía levantar la mirada del suelo. Sus manos temblaban y sentía que estaba muriendo poco a poco por dentro. En su mente solo se repetía <<soy un monstruo, soy un monstruo>>-
-amigo, ¿estás bien? amigo…
- sí…- respondió asustado Víctor., volviendo a la realidad- estoy bien…
- debes ser fuerte. De todos tu sobreviviste al ataque de una de esa bestias- yo solo estoy esperando el último suspiro. No creo poder sobrevivir.
- tranquilo. Ya te cure las heridas y la fiebre no aumentó.
- esa bestia, que casi arranca mi pierna. Y lo peor que este dolor no es nada, es mas es un simple rasguño, eh tenido heridas peores. Aunque no encontrar una razón lógica para comprender lo que acaba de ocurrir. Vi como ese monstruo asesino a cada uno de mis amigos. y en especial a Pedro. El que resucitó y te ataco. Como si fuera un zombi o algo así… es muy duro. Hace unas horas estábamos conversando, y ahora acabo de volarle los sesos.
-te entiendo… es una tortura no poder comprender lo que paso o en mi caso lo que hice… Yo estoy en este bosque hace mucho tiempo. Me aislé del mundo porque estoy escapando de él. -frota sus manos nervioso, y su respiración se agita.- nunca hable con nadie de estos, va, si con mi abogado. yo… asesine a mi familia en un accidente de auto, y a otras personas. Estuve preso por un par de años, y me soltaron por buena conducta. ¿Sabes? yo…era policía. Yo… soy un monstruo…
Héctor volvió a dormirse. Víctor quedó completamente en silencio con su mirada al suelo, y de a poco unas lágrimas caían por su rostro.
-si Víctor, eres un monstruo- escuchó una voz que venía de la oscuridad
Del susto Víctor, se cayó de espaldas al suelo. Se levantó a toda prisa y agarró su arma.
-¿quién está ahí? -Grito Víctor.-¡¡muéstrate!!
Una figura emergió lentamente de la profunda oscuridad. Su forma era humana. Un taparrabo era su único abrigo. En todo su cuerpo eran visibles unas grotescas cicatrices. Su aspecto pálido y delgado hela todo el cuerpo a Víctor. el pelo largo tapa parcialmente su rostro. Su respiración era agitada. Como si esforzara a sus pulmones a respirar.
-¡quédate quieto!-grito Víctor, apuntando con su rifle. El ser se detuvo por completo.
La fogata era lo único que los separaba.
-¿quién eres? - el miedo comenzaba a apoderarse de la voz de Víctor.
-soy alguien que te estuvo observando por un largo tiempo- respondió aquel ser. Su voz era casi aguda y afónica.
Víctor quedó perplejo ante la aparición de aquel ser tan terrorífico. Y más aún, al escuchar que lo estuvo observando por todo este tiempo. Un escalofrío corrió por todo su cuerpo. Todas las veces que sintió que alguien lo observaba, no eran los animales del bosque. Y supuso que aquella sombra que apareció de repente en su camino, cuando cazo a aquel jabalí, era esta criatura.
- tu… ¿Eres esa sombra, que apareció la otra vez a mitad del bosque? -respondió tembloroso.
-no, no. nada de sombras siniestras. Mi querida amiga te observa por los cielos o escondida arriba de los árboles.
El ser levantó una mano y señaló hacia detrás de su espalda. Unos extraños ojos rojos aparecieron en la oscuridad.
El terror se apoderó del cuerpo de Víctor. Sus manos temblaban, tomó de inmediato su rifle que parecía más pesado.
El aspecto de ese ser era atemorizante, aunque esos ojos rojos que lo observaban fijamente lo hacía tiritar de miedo. << ¿Será la bestia voladora que mato a los amigos de Héctor?>> pensó. Inconscientemente observó a Héctor, seguía durmiendo.
El ser, siguió la mirada de Víctor.- así que… sobrevivió- dijo el ser refiriéndose a Héctor.- es fuerte. Djevel, mi fiel amiga, llévalo a nuestro hogar, y vuelve pronto.
La criatura de ojos rojos mostró su cara al fin. Su apariencia es de un murciélago gigante. Sus colmillos son como espadas. Por su cogote y parte de su cráneo, era cubierto por un gran pelaje color rojizo, que llegaba hasta su pecho.
Desplegó sus enormes alas. El imponente tamaño paralizó las piernas de Víctor, cayendo de rodillas ante tenebroso ser. Djevel como el ser se refirió a la criatura, saltó impulsándose con sus alas hasta quedar al lado de Héctor, inmediatamente lo sujeto con las garras de sus extremidades inferiores y con su aleteo se elevó por el aire, provocando un fuerte viento.
Víctor solo pudo observar cómo se alejaba poco a poco del suelo. No pudo reaccionar, hasta no creía lo que estaba viendo.
-Víctor, Víctor no tengas miedo. Puedo sentir tu corazón latiendo a mil por hora. Relájate- expresó el ser.
- << ¿relajarme? Ni en mis pesadillas más terroríficas podría imaginar algo como esto. Tal vez esto es una pesadilla realmente. O estoy muerto, y esto es el infierno>> pensó Víctor.
Los aleteos de Djevel se alejaban más y más, hasta que desapareció en la oscuridad.
-me volví loco-. Se repetía Víctor en voz baja, mientras cerraba los ojos con fuerza. -sí, me volví completamente loco. Mi cordura desapareció.
-esto no está sucediendo- exclamo Víctor.- estoy loco, eso es-. Cada vez que lo repetía, la situación de aceptar que podría haber perdido la cordura, le parece hasta cómico, que brotó una leve risa nerviosa de su interior, que terminó en una carcajada. Prosiguió exaltado- esto no es real. Tú no eres real, este rifle- lo tiro abruptamente hacia un árbol- ese árbol tampoco es real. Es mi imaginación, lo cree con mi mente. El miedo, la soledad te creo a ti, y a esas criaturas. ¡Me volví loco!, o… ¿siempre lo estuve?-
Víctor estaba entrando en un estado de shock. Le costaba mantener la respiración tranquila. Sus pupilas comenzaron a dilatarse. Todo a su alrededor se movía de un lado a otro. Veía borroso. Presentía que iba a desmayarse, así que decidió arrodillarse y con sus manos las apoyo en el suelo para mantener la estabilidad, y lograr mantenerse despierto. Pero sus brazos los tenia debilitados, que cayó hacia delante y su brazo izquierdo quedó recto, llevando a que su mano entrara en el fuego. El calor de las llamas quemó su piel. El dolor obligo a retroceder y sacar su mano, acompañado de un fuerte grito de agonía.
Sujetando su brazo izquierdo con el derecho, observo como el fuego quemo su mano.
-no es mi imaginación. Es real.- concluyo Víctor resignado, aceptando tal realidad.- la desesperación lo dominaba. No veía un buen desenlace para esta situación. Apretó los dientes. Su rifle lo había arrojado, quedando muy lejos como para tomarlo y defenderse.
Aquel ser no se movió. Únicamente lo observo. Como las serpientes que observan fijamente a su presa, esperando el momento justo antes de atacarla.
El dolor de su mano devolvía la poca cordura de Víctor. Pero la realidad de la situación era terrible para él, y hasta prefería estar loco. Debía pensar que debía hacer, no sabía exactamente las intenciones de su acechador, por lo que sucedió con Héctor y sus amigos, no serían buenas. En su mente barajaba 2 opciones, quedarse y luchar, tratando de llegar al rifle, pero su mano izquierda estaba totalmente lastimada, aunque, sin el monstruo volador capaz que podría ganar; y la otra opción era huir por el bosque a toda velocidad. La inmovilidad del ser lo ponía cada vez más ansioso.
Repentinamente, se escuchó un ruido entre los árboles, y el ser giro la cabeza y observo hacia la oscuridad. Víctor, aprovecho esos segundos de distracción para levantarse como pudo, y huir. Sujetando su mano lastimada corría como le permitía sus piernas, esquivando árboles, los que podía ver, algunos aparecían de repente en la oscuridad y los chocaba en seco. Aquellos troncos caídos, frenaban la huida. Como podía los saltaba en muchas veces exitosamente, pero en otras no, que lo hacían caer de boca al suelo. <<Corre, levántate y corre>> se alentaba mentalmente.
Guiado por aquel ruido, el ser continúo mirando hacia la oscuridad. Emitió un gruñido. Giro nuevamente la mirada hacia el lugar en el que se encontraba Víctor, sus ojos se tornaron rojos y lo señalo con el brazo, acompañado de un rugido enérgico. Por detrás del ser, entre los árboles y arbustos, aparecieron los amigos muertos de Héctor, sorpresivamente con sus extremidades restauradas.
Obedeciendo al ser, comenzaron con la persecución de Víctor, corriendo de forma torpe y descoordinada.
En su huida por el bosque oscuro, las embestidas a los árboles, retrasaban su escape y en cada golpe su cuerpo se debilitaba más. Sus piernas comenzaban a agotarse, la adrenalina poco a poco iba disminuyendo de su cuerpo. Necesitaba esconderse, pero la oscuridad no le permitía saber exactamente donde se encontraba. Desorientado corriendo a cualquier lugar. En su mente le vino una idea, como su yo interior le estuviera hablando.
-gira hacia la derecha-.
Víctor, lo hizo. Unos cuantos metros no choco con ningún árbol, ni se tropezó con troncos, o ramas. Sentía que su suerte podía cambiar desde ese momento. Hasta que una rama caída de un gran árbol, se interpuso en el camino, y Víctor sin una buena visión choco a toda velocidad con su cabeza en la rama.
Un olor fétido ingreso por sus fosas nasales mientras una luz obligaba a los ojos de Víctor a abrirse. Poco a poco su pupila fue adaptándose a esa luz, y pudo distinguir una mesa gris, que estaba en frente de él. y del otro lado había una figura de una mujer.
-ya era hora que despertaras- dijo la mujer con una voz suave.
Víctor seguía confundido con la situación. No sabía ni siquiera donde estaba.
-¿dónde estoy? pregunto.
-tu sabes bien donde estas. Solo tienes que recordar.
-¿recordar? ya no quiero recordar.
Miro a su alrededor, las paredes, el piso, le hacía muy familiar, aunque seguía sin recordar. Debía buscar en los recuerdos más profundos de su mente.
-podría decirse que este lugar es d tus últimos recuerdos- respondió la mujer, tratando de ayudar a recordar.
Aunque estaba aturdido y mareado, trato de recordar ese lugar. Tantos recuerdos volvían a su mente, hasta que por fin…recordó.
Era la oficina de la comisaria donde hablo con su abogado. Centro su mirada en la figura femenina, era una mujer de unos 36 años, con un suéter marrón claro y unos detalles de flores en su manga izquierda. y con pelo castaño claro que llegaba hasta sus hombros. la mujer solo lo miro con una sonrisa.
-No puede ser- dijo Víctor.- tu… eres mi esposa.
Los sentimientos de tristeza y angustia invadieron el pecho de Víctor. Quiso levantarse de inmediato para poder darle un gran abrazo. Pero las cadenas en sus pies, no lo permitieron, solo que cayera de rodillas al suelo. No comprendía que sucedía. Miro sus cadenas fijamente, y a su esposa que seguía mirándolo con una sonrisa.
¿Qué sucede? ¿Estas viva?- pregunto confundido.
La mujer se levantó lentamente de su silla, y se acercó a Víctor que seguía de rodillas. Se agacho y acaricio su cara con sus manos.
-no Víctor, no soy tu esposa. Tome la apariencia de tu esposa para poder hablar contigo y explicarte que sucede.
Acaricio su pelo, se enderezo y retrocedió unos pasos. El rostro de felicidad, se volvió una de dolor.
-¿qué quieres decir con eso?-
-soy un ser que vive en el bosque, y tuve la urgencia de entrar en tu mente, para explicarte lo que está ocurriendo en mi bosque.
-entonces… -trato de comprender la situación- ¿eres un ser que tomó la apariencia de mi esposa difunta para decirme algo del maldito bosque?
Esa terrible revelación lo devastó. Volvió a sentarse, frotando su cara con sus manos. No podía creerlo.
-sí, estoy loco.- murmuro por lo bajo. ¡Estoy loco! nada de esto es real. Estoy completamente loco o esto es el infierno. -
-sé que parece todo una locura. Pero es real. Esos monstruos que están en mi bosque son reales. Manifestó con energía el ser que tomo la apariencia de la esposa de Víctor.- son una plaga y van a destruir todo.
Víctor levanto la mirada, y miro fijamente a la imagen de su esposa.
-no me importa- espeto Víctor- que se vaya todo al infierno. No tengo nada que perder.
Aquel ser, enfurecido con la respuesta de Víctor, ahondo más en su mente y lo llevo al momento del accidente. Seguía sentado en la silla esposado de pie y manos. Pero se encontraban en la avenida donde choco en su vehículo con su familia.
-Observa- dijo el ser.- observa lo que provocaste, mataste a tu familia, y a otros inocentes!! ¿Por qué? te diré porque…por que fuiste egoísta, no te importo que tu familia tuviera miedo. y no hiciste caso a sus suplicas de que detuvieras el vehículo. Eres un egoísta repugnante.
-no, sácame de aquí.- gritaba Víctor suplicándole al ser que no le mostrara más aquella terrorífica escena.
-¿me suplicas? grito el ser del bosque- ¿porque deberías hacerte caso? tu… no lo hiciste con tu familia.
Víctor abrumado por recordar tal tragedia que había ocurrido por su estúpido comportamiento, un fuerte llanto provocado por revivir tal recuerdo, infunde en el ser un sentimiento de empatía. Accedió a sus suplicas y lo llevo de nuevo a la oficina de la comisaria.
-no puedes huir de tu pasado Víctor. Pero si puedes luchar por el futuro. Esta plaga se extenderá por todo el mundo. y muchas familias van a morir.
Las palabras del ser resonó en lo más profundo de su ser. -¿y qué puedo hacer? soy un hombre viejo, no puedo luchar. Esas bestias mataron a un grupo de hombres bien armados. No me interesa nada de tu bosque.
-tienen una debilidad- expreso el ser- el fuego es su debilidad. Son simples seres que fueron parasitados y mutados por un hongo.
-¿y tú por que no los detuviste? pregunto Víctor.
- este hongo muto en lo más profundo de una cueva. Pero permanecía oculto en la oscuridad. Hasta que un día parasito al hombre que dirige al monstruo volador, Djevel. Y ahí comenzaron a expandirse.
Víctor recordó a aquella bestia, y al hombre que le ordenaba. Inmediatamente vino a su mente que se desmayó por un golpe en la cabeza, mientras huía.
-disculpa- la interrumpió victo excitado.-huyendo de ese hombre, me golpee y me desmaye en el bosque.
-tranquilo- dijo el ser- oculte tu cuerpo y lo protegí. Aunque, él ni su amigo volador te persiguen.
-¿entonces estoy a salvo? -pregunto incrédulo.
- los que te persiguen, son los cazadores que Djevel asesino. Esta criatura puede transmitir este parásito con su saliva. y aquellas criaturas que son infectadas, se convierten en sirvientes.
-Héctor, ¿se convertirá en uno de ellos?
-debes morir primero para que pueda controlarte. Mientras tanto, te enfermará, y sufrirás, y desearás estar muerto.
<<Pobre Héctor>> pensó. El miedo lo paralizo tanto, que no pudo ayudarlo, y solo observo como el monstruo se lo llevo por los cielos.
-no te preocupes. Estas a salvo-
Exhalo, y sintió que el alma le volvió al cuerpo. Había logrado relajar su respiración, pero todavía no comprendía como era posible todo lo que sucedía.
-¿cómo es posible que los amigos de Héctor me persigan, si vi sus cuerpos despedazados por todo el bosque? - exclamo Víctor.
-ese hongo tiene la capacidad de sustituir el tejido del portador por el suyo y así controlar a todo el organismo si es necesario.
En ese momento Víctor recordó cuando el amigo de Héctor lo ataco. Vio unas tiras que sobresalían de su carne. Conocía sobre los parásitos que existen en la naturaleza. Como los que atacan a los perros: las pulgas. Pero esto, era como si estuviera en una película de terror.
-este hombre fue parasitado por este hongo, se convirtió en un ser con demasiada fuerza, y no puedo detenerlo ahora.
-¿quién, es ese hombre? pregunto curioso Víctor.
- hace mucho tiempo era un hombre como tú. Que escapo de la sociedad, al darse cuenta que la humanidad poco a poco se destruía. Se instaló en el bosque, construyo la cabaña en la que tú vives ahora.
Ahora entendía como era posible que alguien hiciera una cabaña tan lejos y en lo más profundo del bosque.
Lo ayude a vivir, lo protegí, como lo hice contigo por todo este tiempo.
-¿me ayudaste? -de tantas preguntas que surgía en su mente con cada palabra que escuchaba solo se le ocurrió esa.
-si- respondió el ser- te permití cazar a mis animales para que te alimentaras; te protegí del frio dándote leña seca; hasta de aquel día que te desmayaste en el bosque enterrando al pobre jabalí infectado…
- ¿tú me protegiste?-interrumpió Víctor
-habrías muerto sin mi ayuda-
Tanta información nueva, aturdió un poco la mente de Víctor. Analizando todo lo sucedido, las piezas empiezan a encajar
-tú… tú eras esa figura en medio del bosque, cierto? exclamo Víctor exaltado. -también murmurabas mi nombre.
El ser solo asintió con la cabeza.
-no tengo forma física, por eso me adentro en los recuerdos de las personas para poder comunicarme con ellas, y en algunos casos tomo la apariencia de las personas que más se repiten en su memoria. En tu caso, tu esposa y tus hijas. -explico el ser.
Todo tenía más sentido. Se llenó de paz al saber que no estaba loco. Aunque cada vez que observaba al ser que copio la imagen de su esposa, el estómago le ardía. Respiro profundo, y exhalo un aire aliviador.
-discúlpame, continua por favor- dijo Víctor, y el ser prosiguió
- un día tuve la idea de poner a prueba su corazón. En su camino puse a un pequeño murciélago, estaba un poco herido.
Víctor estaba demasiado concentrado en la historia que escuchaba atentamente, sin perderse ninguna palabra. Estaba cautivando por la forma en que explicaba. Aún más por ver a su esposa.
- aquel hombre, estuvo a punto de terminar con su vida, con un pisotón, pero desistió, y se alejó, dejando al pequeño animalito a su suerte. Entonces, regreso y lo levanto, envolviéndolo en un trapo.
Al recordar ese momento, el ser tenía una gran sonrisa. Pero, en ese instante su rostro se volvió serio. Como si algo estuviera ocurriendo… algo malo.
Se acercó rápidamente a Víctor.
-están cerca Víctor! debes despertar y escapar. Recuerda… el fuego es la única forma de matarlos por completo. Tienes que ir a su cueva y quemarla. Está en lo más profundo de las sierras.
No le gustaron nada las palabras del ser. Debía despertarse y huir de inmediato. Aunque lo que más le retumbaba en la mente fue” con fuego los matare por completo”.
Una leve brisa soplo suavemente sobre el rostro de Víctor, este despertó.
Estaba debajo de unos arbustos. << ¿Cómo llegue acá? >> Se preguntó. El sol estaba saliendo, y una pequeña luz que ingresaba entre las hojas iluminaba sus ojos. Recordó que el ser le dijo que estaban cerca. Así que no se movió, y miro cuidadosamente. Nada. Trato de aislar los sonidos de la naturaleza y concentrarse en aquellos ruidos que parecieran sospechosos.
Al no ver ni escuchar nada, salió de los arbustos lentamente, evitando hacer ningún tipo de ruido.
Miro en todas las direcciones, solo veía árboles, y árboles. Nada extraño. Tampoco había huellas en el suelo, que le indicaran que pasaron por aquí. Sin embargo recordó que el ser le dijo que estaban cerca, posiblemente estén por llegar. Se agacho rápidamente, apoyo su mano izquierda en el suelo, y recordó que estaba lastimado.
-<<debo volver a la cabaña>>- pensó- ahí estaré más seguro y podre pensar bien.
Todo a su alrededor estaba en calma. Era una situación perfecta para poder viajar por el bosque sin ser detectado. Pero recordó que su cabaña estaba destruida por el ataque del oso. y de seguro aquellas criatura iría por ahí en primer lugar, estarían esperándolo con una emboscada. Debía pensar muy bien su siguiente movimiento. Permaneció dentro de los arbustos ocultos. A su mente volvieron las palabras del ser del bosque. <<para matarlos por completo debo ir a su cueva y quemarla>>. Mientras la duda y la incertidumbre invadían su mente, sentía mucho cansancio, y necesitaba comer y beber algo. En su mochila había una cantimplora y comida, pero volver a la fogata sería demasiado arriesgado. Y su arma también se encontraba ahí. << ¿Y cómo podría llegar a la cueva y lograr incendiarla? me verían y me matarían. Si llegara a la cueva, necesito algún explosivo o mucha nafta para lograrlo. Esto no terminara nada bien. >>
Espero unos minutos para tratar de orientarse, y buscar la mejor ruta para su cabaña. Se sentía cansado y hambriento. Recordó que dejo su mochila en la fogata, en el lugar que aparecieron esas criaturas. Necesitaba sus cosas, su arma, pero acercarse ahí sería muy peligroso. Aunque no tenía muchas opciones.
Cansado y hambriento por una noche agitada, decidió sentarse a mirar como el sol aparecía poco a poco. Froto su cara con su mano sana. Y solo permaneció quieto en esa posición por varios minutos reflexionando. Buscando alguna idea o solución al problema que estaba metido. Estaba cansado de huir toda la noche como una presa que trata desesperadamente por salvar su vida. Ya era un hombre grande, que solo quería alejarse de todo esperando el día de su muerte.
En ese instante llego a una conclusión.
Esa es la respuesta- dijo entusiasmado. Ya no puedo seguir huyendo toda mi vida. Esto lo voy a enfrentar… así volveré a ser un hombre.
De inmediato se levantó, sacudió su ropa llena de tierra, y emprendió el viaje de regreso a la fogata y a su cabaña.
Luego de varios minutos de una caminata sigilosa, llegó a la fogata donde se encontró con aquellas criaturas la noche anterior. Todavía no podía borrar de su mente los ojos de ese monstruo volador. Se escondió detrás de unos arbustos a observar. No había señal de ninguna criatura demoníaca. Solo veía muchas huellas en la tierra, similares a las que encontró de camino… huellas de zapatos.
En ese momento prefirió encontrar la mochila que contenía comida, a encontrar su arma, el estómago le suplicaba por algo de comer y beber... Cerca de un árbol estaba su arma, y la mochila cerca de la fogata, ya hecha cenizas.
Luego de comer y beber para recuperar energías, preparó su arma y todas las municiones que encontró, además había encontrado varias cajas de fósforo y encendedores. Le servirán para poder cumplir con su misión. Vendo su mano quemada, y sin pensarlo más, emprendió de nuevo la caminata. Ahora, a la cabaña necesitaba refugio, y más por el amor a su cabaña.
Mientras traba de orientarse mejor, así no caminar en círculos como un tonto así llegar lo más rápido posible a la cabaña sin ser detectado por esas criaturas, y por ese monstruo volador.
Víctor no podía evitar pensar todo lo que le había sucedido en este tiempo. De todo lo que ocurría a su alrededor y él nunca lo supo. Hasta ahora. De solo imaginar que ese murciélago demoniaco lo vigilo, solo dios sabré por cuanto tiempo. << ¿Si me está observando en este momento?>> de solo pensarlo se le erizaba la piel. Aunque, en su memoria muy a lo profundo, recordaba cuando sus hijas le contaban lo que aprendían de la escuela cuando eran unas niñas, era sobre los animales nocturnos, que disfrutan de la noche, para poder alimentarse; uno de esos eran los murciélagos. Con todas sus fuerzas rogaba que fuera así. Sin embargo, Víctor sabía muy bien, que las otras criaturas podían estar rondando por el bosque en este momento. Con más razón debía apresurar el paso y poder llegar a su cabaña y resguardarse ahí hasta poder recuperarse.
Por mucho tiempo vivió en esa cabaña, la hizo su nuevo hogar, pero, jamás se preguntó ¿quién la habrá construido? ¿Y en qué año? cuando la descubrió hace muchos inviernos, estaba totalmente destruida. Como si un tornado se hubiera formado a dentro de la casa y salió al mundo exterior.
Se detuvo un instante para beber algo de agua, ya que su garganta estaba demasiado seca. Como no encontraba una piedra o un tronco para sentarse, se dejó caer al suelo. Respiro profundo y exhalo suave. Sentía su espalda tan pesada, que necesitaba acostarse un poco a descansar bien.
A la mierda- dijo convencido, tiro la mochila hacia un costado y se acostó en la tierra. Cerró los ojos y solo dejo que el viento soplara suavemente sobre su rostro. El sol estaba en lo más alto del cielo. Pero los grandes árboles con sus frondosas copas tapaban los rayos de sol. Percibía tanta paz, una que hace mucho tiempo no lo notaba en su interior. Era tal su paz, que podía quedarse dormido en ese momento. Monstruos o no, estaba en paz. Sin embargo, un rugido estrepitoso obligo a levantarse de inmediato. Lo escucho lejos, pero no tan lejos si oyó tan claro ese rugido. En su mente sabía que era el oso que lo ataco. Al menos esperaba que fuera y no una nueva criatura. Sin embargo no podía distinguir de donde venía aquel sonido que le trae malos recuerdos. La adrenalina comenzaba a expandirse por todo su cuerpo así podre prepararse para la huida. Si era necesario pelearía de nuevo.
Pasaron los segundos y el oso no volvió a rugir, como si al hacerlo revelaría su ubicación.
Te llevare de nuevo a la cabaña y ahí te matare- dijo entre dientes.
Un nuevo rugido se escuchó en el bosque, ayudándolo a distinguir donde podría estar y que tan lejos se encuentra.
-estas cerca. Bastante cerca- apretó el puño con firmeza. -me estuviste siguiendo.
En sus ojos rojos por la furia, decidió continuar con su camino a la cabaña. Y así poder enfrentarlo ahí y acabar con él. Tomo su rifle, y cegado por la rabia partió a toda prisa. Luego de unos metros, se detuvo de reporte, recordó que la mochila con los fósforos y las menciones estaban ahí. Debía volver por ella de inmediato. Sus piernas corrían lo más rápido que podía. No podía pelear con el oso en ese lugar: perdería.
Al llegar no encontró al oso. Tomo la mochila y retrocedió así retomar el camino, el oso que se convirtió en un monstruo, salió entre los arboles a toda velocidad en busca de Víctor.
Mientras corría a toda marcha el oso emitía su rugido terrorífico que provocaba tanto temor a Víctor. Esta vez no fue así. Un grito de furia salió de lo más profundo de su cuerpo. El miedo y la desesperación ya no lo dominaban a Víctor. Su plan era matarlo en la cabaña, pero ahora estaba decidido a hacerlo ahí.
Bala tras bala golpeaban el pelaje duro de la bestia.
A unos centímetros Víctor salto a su izquierda para esquivarlo. Giro en el suelo, pero la mochila lo desestabilizo por un instante. Así que redoblo energía para enderezarse y mantener la guardia, pero fue en vano, el oso atrapó a Víctor mordiendo su mochila, lo sacudió como si la humanidad de aquel hombre fuera un títere de trapo. Su enorme fuerza fue tal que lo tiro por los aires hasta que chocó contra un gran árbol, cayendo inconsciente al suelo.
Un ruido repetitivo de gotas cayendo a un pequeño estanque, comenzaron a molestar a los oídos de Víctor que hacia tirado boca abajo cerca de una gran piedra. Cada gota retumbaba en esa tenebrosa cueva. Despertó repentinamente con un gran suspiro. Como si estuviera sumergido en un mar profundo aguantando la respiración y ascendiera a la superficie antes de ahogarse. Hasta que sus ojos se adaptaran a la luz de la cueva, Víctor gateo en reversa asustado por tal lugar, hasta chocar con una piedra, que intensifico el dolor que ya tenía. La cabeza le retumbo de tal forma que podía oír el eco que produjo ese golpe. Con sus manos palpo a su alrededor en busca de su rifle o algo que le sirviera para poder defenderse. Piedras frías y húmedas sintiera sus manos. Una vez que sus ojos lograron adaptarse a la iluminación de la cueva, observo asombrado aquel lugar.
<< ¿Será la cueva a la que debo destruir? ¿Cómo llegue aquí?>> se preguntó.
En su interior sabía que la respuesta de sus preguntas eran más que obvias. Era la cueva en donde se formó aquel hongo, y por lo cual debía destruir con fuego según le dijo aquel ser del bosque. <<Fuego>> inmediatamente se sacó la mochila y lo arrojó al suelo. Rogaba en sus adentros que los fosfores y los encendedores estuvieran. Una sonrisa de alegría confirmaba la presencia de estas herramientas sumamente importantes.
Para su segunda pregunta, también podía imaginarse que el oso que lo ataco lo trajo hasta este lugar; << tal vez obedeciendo las ordenes de aquel hombre tenebroso>> pensó.
A pesar de estar dentro de una cueva, estaba bastante iluminada por algunos sectores. Dio unos pasos en dirección del lago, escondiéndose detrás de una gran piedra que emerge del suelo. Miro hacia el estanque, se veía limpia el agua. Tanto que comenzó a desear tomar un poco. Antes de poder buscar su cantimplora en la mochila, sintió un repugnante aroma, revolviendo su estómago, y si hubiera comido algo, ya lo hubiera vomitado. Trato de seguir el aroma que se le hacía familiar. Camino hacia la piedra que estaba detrás de él cuando se despertó, y pudo ver horrorizado que el causante de ese olor era el oso que lo había atacado…
Víctor aterrado de ver aquel imponente monstruo muerto, con la cabeza casi decapitada derramando en todo el piso con ese líquido negro repugnante; casi provoca que realmente vomite esta vez. Retrocedió casi trastabillando hasta detenerse en la pared de la cueva. El miedo le paralizo las piernas. Sabía que Djevel había sido el causante de la muerte del oso. Comprendió que el demonio volador era más fuerte de lo que pensó. Sacudió su cabeza para olvidar esa escena y volver a concentrarse en la misión que tiene. Sus planes se adelantaron drásticamente, tenía que buscar la forma de prender fuego y que consuma toda la cueva. Debía hacerlo rápido antes que vuelva Djevel y lo mate también. Sin embargo, en su mente se preguntaba << ¿por qué no lo mato en ese momento? y ¿por qué lo trajo a la cueva?>> no encontraba alguna respuesta razonable. Por el momento sintió que no era el momento de pensar en eso. Solo importaba destruir la cueva. Dejando todo en manos del destino la victoria o la derrota.
Antes de recorrer la cueva, decidió probar los encendedores y los fósforos que tenía en la mochila para poder reorganizar sus ideas. Los encendedores funcionaban a la perfección. Continuo con los fósforos, no había demasiados en la pequeña caja de cartón. Raspo el primer fosforo en la parte lateral de la caja, no encendió. Frustrado se planteó dejar de intentar con los fósforos. Pero algo le dijo que lo hiciera de todos modos. Saco nuevamente un fosforo, y lo raspo, encendió a la perfección. Justo en ese momento sintió un leve ruido, asustándolo.
En lo más profundo de su ser sentía el presentimiento que Djevel podría estar en la oscuridad observando detenidamente esperando el momento justo para sorprenderlo. El susto ocasionó que agitara su brazo y tirara el fosforo al suelo, cayendo justo en dirección de una gran mancha de sangre negra del oso. Apenas el fosforo encendido toco esa sustancia viscosa, esta se encendió al instante. Una gran llama ilumino la cueva. Víctor quedo sorprendido al ver tal golpe de suerte. Nunca imagino, ni se le ocurrió que la sangre infectada sería un buen combustible. Llenado por la alegría tomo su cantimplora y bebió toda el agua que tenía. Una vez vacía, la lleno de sangre. Esta vez vomito un poco de bilis, ya que no había comido nada hace varias horas y su estómago estaba vacío. También se sacó las medias, rompió parte de su ropa y las empampo con la sangre, luego las guardo en la mochila.
Era inútil tratar de escabullirse por la cueva sin que sea detectado. Por lo que decidió moverse en libertad.
Se acercó al estanque para comprobar si realmente estaba tan limpia.
-se ve limpia- se dijo. Por el reflejo del agua vio unos agujeros en el techo, por el cual entraban rayos de sol que iluminaban pequeñas partes de la tenebrosa cueva. También observo que había varios túneles por todas partes. Que al verlos a Víctor llenaba su corazón de terror al ver ese abismo oscuro. De la gran cantidad de túneles había una que su entraba era demasiado grande. Busco la linterna en su mochila, la encendió, respiro profundo así su cuerpo se llenara de oxígeno y energía. Cuidadosamente se adentró en esa inmensa puerta hacia el infierno. Pensó que estar adentrándose cada vez más al interior de la cueva el oxígeno disminuye; todo lo contrario, sentía un aire puro, húmedo pero puro. Al final del túnel un pequeño destello de luz casi convence a Víctor que estaba dirigiéndose a la salida. Al acercarse cada vez más descubre un aire totalmente fresco. un aroma a pureza, como si estuviera en épocas de primavera. Se le vino a la mente un paisaje lleno de flores, pasto verde y grandes árboles con sus robustas copas de hojas.
Al final del túnel, llego a una cueva mucho más grande que la anterior, donde la mayor parte estaba cubierta por raíces de las cuales emergía tallos con hojas, flores de diversos colores. Al mirar hacia el techo también había grandes raíces, como si fueran los cimientos que sostienen a la cueva. En el centro también se hallaba un estanque que reflejaba la luz que ingresaba por un gran hueco que había en el techo. Víctor al ver tal orificio le parecía tan extraño que se hiciera naturalmente, hasta llego a pensar que fue hecho con el propósito de que ingresara la luz, y también el agua que ayuda a formar el estanque. Incluso le vino la terrorífica idea de que Djevel sale y entra por ahí. De imaginarlo le erizaba la piel.
Mientras más observaba aquel paisaje tan singular, podía distinguir a algunos animales un poco diferentes; como una ardilla color marrón oscuro que corría por el pasto que rodea al estanque. Sus extremidades eran un poco ms grandes que una ardilla común; también noto algunas abejas del doble de su tamaño, con dos pares de alas, volaban suspendidas en el aire mientras recogen el polen de aquellas exóticas flores.
Sin darse cuenta ya estaba cerca del estanque en donde pudo ver que aquellas raíces provenían de un gran árbol que se hallaba al final de la cueva. Como si ese gran árbol estaría apoyado en la pared. Sus raíces se engrosaban cada vez que se acercaban al gran tronco del inmenso árbol. Su superficie dan el aspecto de un árbol demasiado viejo, tenía una tonalidad marrón oscuro, con grandes tallos que se extendían en todas direcciones. Cuentan con abundantes hojas de gran tamaño, y un color verde tan vivo que contrarresta al aspecto de su deslucido tronco.
<<Que increíble>> se repetía en la mente. Le broto una pequeña sonrisa de felicidad ante el impacto de ver tan increíble lugar. Mientras continuaba admirado todo lo que lo rodeaba, pudo visualizar entre las abundantes hojas, un extraño fruto de color morado con pequeñas prolongación similares a bultos que lo recorría por toda su forma de uva.
Ajusto su mirada entre cerrándolos un poco, para poder distinguir lo que le parecía aún más extraño. En la parte más oscuro que se producía por la gran cantidad de ramas y hojas, unos ojos rojos brillaron como dos rubíes. y una extraña criatura poco a poco comenzó a mostrarse.
-eres tu- susurro Víctor. De tan increíble paisaje había olvidado por un momento a lo que venía. Y la tensión volvió a su cuerpo.
Aquel hombre de aspecto extraño que se presentó junto al monstruo Djevel aquella noche. Emergía de la oscuridad. Lentamente monstro toda su figura, su mirada se clavó en Víctor. Un grito irritante a los oídos retumbo a lo largo y ancho de la cueva desconcertado a Víctor que inmediatamente tapo sus oídos con sus manos en un intento inútil de evitar aquella señal de terror; que avisa la llegada de aquel monstruo. Su cuerpo giro en dirección de la entrada por donde el ingreso. y respectivamente una sombra colosal apareció a una velocidad singular, Djevel voló por encima de Víctor. Un viento golpeo la humanidad del hombre expectante, mientras el individuo del árbol salto hacia la espalda de Djevel. Aquel par dieron un par de vueltas hasta detenerse a unos metros del hombre que observaba boquiabierto. La criatura desplego sus alas gigantescas acompañado de su grito intimidante. El instinto de Víctor hizo que retrocedieran unos pasos hacia atrás. Su estómago se retorcía y su corazón acelero sus latidos. Pero, algo lo sorprendió, creía que ante tan impresionante imagen terrorífica estaría muerto del miedo, pero no era así, no esta vez. Estaba más tranquilo. Enderezó su postura y clavo su mirada en el jinete.
-Alto- un grito se escuchó a lo lejos. - deténganse por favor.
-sorprendido Víctor trato de localizar de donde vino ese grito y quien lo produjo.
-alto- dijo de nuevo aquella voz- soy yo, Víctor.
En ese instante, Héctor apareció ante Víctor, quien se quedó sorprendido al verlo vivo después de haber intentado salvarlo y haber sido secuestrado por un demonio hacia los cielos. La alegría de verlo sano y salvo se mezcló con su consternación, pues no podía comprender cómo había sobrevivido. La curación milagrosa de su pierna gravemente lastimada añadía aún más misterio a la situación.
Se acercó a Víctor con los brazos abiertos y una risa llena de felicidad. Víctor no reaccionó, permaneciendo inmóvil hasta que Héctor lo alcanzó y lo abrazó fuertemente.
-Estuve pensando en ti, amigo-, exclamó Héctor con entusiasmo.
Pero Víctor permaneció en silencio, con una expresión de asombro en su rostro.
-Todo está bien. No te preocupes. Aquí nadie te va a lastimar... claro, siempre y cuando no vengas con intenciones de hacer tonterías- añadió Héctor con un tono de broma.
-Ven, debes estar hambriento y cansado", dijo Héctor, señalando hacia un lugar para que Víctor lo siguiera.
-¿Cómo puedes estar vivo?-, preguntó Víctor finalmente. -Creí que estabas muerto, que ese demonio te había destripado-.
-¡Ja, ja!-, rió Héctor. -Créeme, también creí que ese era mi final. Pero mira, estoy de maravilla. Aquí me ayudaron y me brindaron refugio-.
Djevel y su domador tranquilizaron su furia. Sus ojos rojos impregnados de sangre se desvanecieron.
Héctor y Víctor se sentaron en una gran raíz que sobresale por la tierra. Y este le ofreció a Víctor la fruta de aquel árbol. Este último no estaba convencido de comer tan extraño fruto.
-come- dijo Héctor- te hará recuperar tus fuerzas.
Hace muchas horas que no comía Víctor. Sus tripas deseaban comer cualquier alimento, no importaba su aspecto o sabor.
Lentamente tomo y probó aquel fruto. Luego de masticar suavemente, sus papilas detectaron el sabor dulce e increíblemente delicioso.
-Cuéntame como sobreviviste- pregunto Víctor ansioso. - estoy muy curioso de saber.
ja ja -rio Héctor- Sé que lo estás. Sigue comiendo y te lo contaré. Este lugar es increíble. Cuando me capturaron y me trajeron, creí que me matarían y me comerían.
Víctor continuó devorando aquel fruto, pero atento a cada palabra de Héctor.
-una vez que llegue aquí, creí que Djevel me comería. Así como….
Recordó que la aparición de aquel espíritu le dijo el nombre del monstruo, pero simuló que no lo sabía -¿dijiste Djevel?-interrumpió Víctor dudoso -¿Djevel es ese murciélago gigante cierto? Héctor solo asintió.
-déjame terminar la historia y luego hazme todas las preguntas que quieras.
Ahora Víctor asintió.
-como te decía, creí que me destriparían como paso con mis amigos. Pero increíblemente, no fue así, me ayudaron. Me dieron comida y refugio. Ese fruto es mágico, ayudo a curar mi pierna, sin la necesidad de medicamentos. ¿Puedes creerlo?
-wow- es lo único que pudo decir Víctor. A su mente llegaban muchas preguntas, pero no sabía cuál decir.
-amigo, acá es un paraíso.
Víctor pudo organizar su mente y pregunto: ¿esos monstruos son buenos? eso me quieres decir.
Héctor pudo descifrar a donde quería llegar Víctor, pero seguía sonriendo.
-Se a dónde quieres llegar Víctor, pero aquí, este lugar es un paraíso. y los seres vivos que están aquí, lo protegen, y no importa lo que tengan que hacer, ellos lo protegerán.
-¿te hiciste amigo de los monstruos que mataron cruelmente a tus amigos? o ya te olvidaste? - la voz de Víctor comenzaba a alterarse. -¿no crees que es una trampa? ¡¡Solo te dejan vivo un tiempo y luego te comerán!!-
- ja ja ja- Héctor rio con una gran carcajada- no Víctor, ellos me mostraron el árbol de la vida.
-¿te refieres al gigantesco árbol de atrás?
-si- respondió Héctor con euforia.- ese árbol esta ahí de hace miles de años. Ayudo a que los seres vivos poblaran la tierra con gran diversidad. Existen en todo el planeta.
-¿existen más de estos árboles? -
- hay árboles así en todo el mundo. Y son protegidos del hombre. Ya que si esto se conociera, lo utilizarían para sacar provecho. Tú sabes cómo es el ser humano. Sé que jure vengarme por la muerte de mis amigos, pero… comprendí que nosotros invadimos su tierra. Ellos solo lo defendieron.
Víctor no sabía que responder. Lo enfurecía que haya perdonado a estos monstruos, pero también comprendía que todo lo que dijo tenía razón.
-tienes razón - respondió Víctor luego de una breve pausa. - el ser humano es estúpido por naturaleza. Y codicioso.
Volvió a su mente aquel recuerdo del accidente que mato a su familia. Frunció el ceño y, frotaba sus manos nerviosamente.
En ese instante recordó su misión. La que aquel ser que tomo la apariencia de su esposa y le conto sobre los peligros que surgen de esta cueva. Pensó que Héctor estaba siendo manipulado por el hongo. << ¿Que debía hacer?>> se preguntó.
-dime Héctor, si este es un paraíso, ¿quiere decir que no hay enfermedades? -pregunto Víctor de forma sinuosa.
-como te dije, Víctor, es un paraíso, y si, existen enfermedades capaces de matarte de la forma más horrible. Sin embargo, este fruto fortalece todo aspecto de tu fisiología. En simples palabras, tu sistema inmune se vuelve demasiado fuerte para que te mate las enfermedades.
-las súper vitaminas- Respondió con sarcasmo.
Héctor dejo de tener aquella sonrisa feliz de hace un momento y, comenzó a fruncir el ceño y no quitaba su mirada de Víctor.
Este último comenzó a notar que Héctor ya no estaba tan alegre, y que las preguntas que hacia lo incomodaban.
Dime Héctor- dijo haciendo una pausa para ordenar mejor su pregunta. - ¿estas enfermedades pueden controlar a sus víctimas? me refiero que puedan manipularlas y regresarlas a la vida. Como tu amigo ¿recuerdas?
Héctor no escondió su malestar, y se levantó abruptamente. -acompáñame Víctor. Te mostrare algo.
Víctor se levantó y lo siguió.
Llegaron hasta la base del árbol. y observaron la gigantesca estructura, sus enormes hojas. Ahí Héctor comenzó a contarle a Víctor la importancia de este árbol.
-nuestro cuerpo tiene características que nos permiten defenderse de las enfermedades- comenzó Héctor- este planeta tiene defensas. Estos árboles existen en todas partes del mundo. Y cada uno ha logrado encontrar su forma de defensas.
-dime que defensas tienen este árbol- pregunto Víctor.
- este árbol creo un microorganismo muy poderoso, por decirlo así.
De nuevo recordó Víctor al ser que apareció en sus sueños. Y le conto sobre el hongo que se formó en lo más profundo de la cueva. Pensó que tal vez si estaba siendo controlado por ese hongo Héctor. Y que su misión debía volver como objetivo principal y cumplirlo.
Pero… -dijo Héctor con una voz calma- nuestro planeta solo busca el equilibrio. Y no ataca y destruye como el ser humano. Solo se defiende. Cuando invadimos seste bosque con nuestras armas, nuestro único objetivo era matar al oso, como sea. Hasta se nos ocurrió incendiar gran parte de este bosque, con la finalidad de dejarlo si guarida. Y matarlo cuando saliera.
-¿y cómo sabes todo esto?
-lo sé porque, ese microorganismo esta en mí, y de alguna forma me lo cuenta a través de mis sueños.
-¿y cómo sabes que no te están controlando? es más como sé que este no es un engaño para… para matarme.
Héctor solo lo miro de una manera seria. Que a Víctor le parecía una confirmación de su sospecha. El silencio se apodero por un segundo.
Víctor imagino que Djevel aparecería y lo mataría en unos cuantos segundos. Héctor se acercó lo más que pudo, estaban cara a cara. Y este último comenzó a reír a carcajadas. Víctor no entendía que sucedía.
-discúlpame por esta risa- dijo Héctor- pero si me escucharas y no imaginaras tantas estupideces, estarías riéndote conmigo.
Héctor lo abrazo con un brazo y le dijo: acá solo quieren paz. O sea equilibrio. Nadie te hará daño, a menos que hagas una estupidez.
Ahora la confusión de Víctor aumento. Tanto que le dolía el estómago.
La luz de la cueva disminuía a medida que la noche se acercaba, y Víctor se encontraba en una encrucijada. Debía decidir si continuar con su misión o volver a su vida en el bosque. La falta de luz lo obligaba a tomar una decisión rápidamente.
En ese momento, Héctor, le propuso que se quedara en la cueva durante la noche. Aunque parecía reacio a la idea, aseguró a Víctor que el lugar no era hostil y que él no tenía ninguna intención de hacerle daño.
-Mira, quédate esta noche y comprobarás que este lugar no es hostil. Yo no soy hostil, y mucho menos Djevel y su jinete- expreso Héctor.
Escalofríos recorrían su cuerpo al escuchar el nombre de Djevel, el monstruo.
Para calmar aún más los temores de Víctor, Héctor señaló hacia lo alto del árbol. A lo lejos, se podía ver a Djevel comiendo frutas. -También come frutas- dijo Víctor, sorprendido.
Héctor asintió y agregó: -Las frutas son su única comida-.
Víctor se sintió un poco más tranquilo al saber que Djevel no era un carnicero que solo cazaba por puro placer. Sin embargo, seguía siendo el temible e imponente monstruo.
El dolor de estómago ya disminuía. Pero seguía sin confiar con la idea de quedarse a dormir. <<y donde dormiría>> pregunto Víctor.
Hay que subir- dijo Héctor.
-como que subir?
- la luz ya se va, y hay que acostarse antes que este todo a oscuras. Si pasa esto no podrás ni saber dónde orinar ja aj.
-¿y cómo vamos a subir?
-¿alguna vez subiste a un caballo? pregunto Héctor.
-no. jamás.
Héctor apretó sus labios con sus dedos para poder silbar. Su silbido fue fuerte y agudo. En ese momento a lo lejos se veía como Djevel se acercaba a toda prisa por los aires. Se detuvo a unos metros de los dos hombres que observaban expectantes.
El monstruo estiro sus alas y permaneció quieto.
-sube- dijo Héctor.
-¿estás loco? respondió Víctor - no confió en esa cosa.
-tranquilo, esta pequeña es un amor.
-ha, es una hembra- dijo Víctor asombrado.
Héctor no tardo demasiado y se subió al lomo de Djevel. Víctor no estaba muy seguro de hacerlo, pero ya no tenía opción. Lo acompañaba a Héctor o se quedaba atrapado en la oscuridad de esta cueva.
-Héctor, prefiero quedarme acá, en tierra.
-es tu decisión. Pero recuerda que te dije que acá es un equilibrio, hay seres que se comen a otros seres como en toda la naturaleza.
Víctor pensó un minuto. Miro a su alrededor, y vio como la luz ya era cada vez menos.
-está bien- respondió Víctor con poco entusiasmo.
-primer iré yo, y luego subirás tú.
Djevel extendió sus alas, y de a poco comenzó con su aleteo, lentamente se alejaban del suelo. Sus fuertes alas provocaban una corriente de aire.
Víctor mientras veía como se alejaban y se dirigen a lo más alto del árbol. Comenzó a pensar si debería huir de ese lugar. Escaparse a lo más lejos que le permitan sus piernas. Olvidarse de este bosque y todo lo que sucedió. Volver a comenzar. Ya no creía ni en Héctor ni en aquella Aparicio en sus sueños del espíritu que tomo la forma de su esposa.
Retrocede unos pasos. Debía tomar una decisión rápida. Sabía que al huir podría perderse en la cueva, y que lo matara otra criatura igual que Djevel. Y la otra opción es que lograra salir de la cueva, el monstruo volador, Djevel, lo cazara; o, quedarse y esperar.
-no pensaras en huir- dijo una voz en la oscuridad.
Víctor giro rápidamente. Era el jinete, que emergía de la oscuridad.
-esta alberga a muchas criaturas inofensivas, que no molestan a nadie, solo desean paz. ¿tú que deseas?
Víctor no respondió. Se encontraba sorprendido por el jinete.
-responde- dijo el jinete.
- yo también quiero paz. - respondió firmemente Víctor.
El jinete rio, y camino alrededor de Víctor.
-¿si eso deseas porque vas a huir?
-no me siento seguro aquí, contigo y ese monstruo cerca.
-¡Djevel no es un monstruo! grito el jinete. - los humanos son los monstruos. Vienen a nuestro bosque a matar y destruir. Como tu haz venido aquí a destruir este hogar.
Sorprendido, Víctor dudaba si el jinete ya sabía cuáles eran sus intenciones.
-yo no quise venir aquí- respondió Víctor- tu monstruo me trajo aquí.
El jinete se abalanzo rápidamente sobre Víctor, tomándolo fuertemente por el cuello.
-Djevel no es un monstruo. Ella te salvo la vida. ¿Dime quien es el monstruo entonces?
A pesar de su físico tan delgado, el jinete contaba con una extraordinaria fuerza. Víctor no podía respirar. Y no lograba quitarse la mano del cuello. En ese instante Djevel aterrizo abruptamente.
El jinete al ver a su amiga soltó al pobre de Víctor, que cayó al suelo inconsciente.
-amiga- dijo el jinete, acariciando la gigantesca cabeza de Djevel. Todo está bien, No voy a lastimarlo. Súbelo amiga, ya que la noche se acerca.
Djevel tomo con sus patas el cuerpo de Víctor, que todavía seguía tirado en el suelo. Lo levanto por los aires y lo llevo hacia el árbol.
Una vez que llegaron a lo más alto, Héctor ubico a Víctor en una cama improvisada con hojas.
-descansa amigo.
La noche por fin llego y la cueva se convirtió en oscuridad total.
-Víctor… Víctor, estoy un poco decepcionada contigo - dijo una voz femenina.
-¿Quién eres?- preguntó Víctor, cuyos ojos aún estaban cerrados.
"Soy yo. Abre los ojos", dijo la voz
Finalmente, el hombre abrió los ojos, pero una luz frente a él le causó molestia. Cuando la luz se disipó, vio a su esposa.
-¿Otra vez tú? - respondió con enojo. -¿Qué quieres?-.
Miró alrededor y se dio cuenta de que estaba nuevamente en la comisaría, esposado de pies y manos.
-Estoy muy, muy decepcionada contigo, Víctor - Exclamo el ser.
-Ya no lo haré - respondió Víctor disgustado. -Aunque quisiera hacerlo, no podría. Me matarían antes de que pudiera hacer cualquier movimiento. Y la verdad, no son una amenaza. Y si lo son, no me importa ya-.
La mujer suspiró y se sentó en la silla del escritorio.
-Sabes, Víctor, tienes razón. No podrías lograr nada con Djevel y su jinete cerca-.
-Me alegra que lo hayas entendido -.
-Sí, lo entiendo. No tienes la mentalidad para hacerlo. Por eso lo hice yo-.
Victor no comprendió lo que su esposa quiso decir. Intentó levantarse, pero las esposas lo detuvieron.
-¿Qué quieres decir?-, preguntó confuso. y de repente todo volvió a ser oscuridad.
Las llamas recorrieron toda la cueva, iluminando cada centímetro de la estructura en ruinas. Las criaturas desesperadas y atemorizadas por las llamas corrieron en todas direcciones. Djevel y su jinete, suspendidos en el aire, solo podían observar.
"¿Cómo pudiste, maldito?", gritó Héctor desde la cima del árbol.
Víctor no comprendía lo que había sucedido. En su mano tenía una botella molotov encendida. Al darse cuenta, la soltó descuidadamente, y al caer explotó y prendió fuego a una gran parte de la cueva, e incluso también a su pantalón. Asustado, intentó apagarlo, por un momento pensó que no podría detenerlo, pero lo hizo.
En ese instante, escuchó un grito desgarrador. Héctor caía al vacío envuelto en llamas. El grito de terror se detuvo cuando chocó con el suelo.
Perplejo por la situación, finalmente logró comprender lo que había sucedido. Aquel ser que aparecía en sus sueños se había apoderado de él mientras dormía, aprovechando el momento en que todos en la cueva descansaban. Había logrado su objetivo, pero a qué costo.
"Hija de puta", gritó furioso. "Sabías que no podría hacerlo, por eso me utilizaste".
El grito ensordecedor de Djevel retumbó por toda la cueva, ahora iluminada por las llamas, alertando al hombre que había sido manipulado de que el monstruo lo atacaría con toda su furia.
A toda velocidad, la criatura y su jinete descendieron, impulsados por la ira y determinados a matar al causante de tal horror. Él, al ver la imponente figura acercándose, giró y comenzó a escapar. Morir ya no era una opción. Su decisión de cumplir la misión a cualquier costo se desvaneció al darse cuenta de que había sido manipulado. Sabía que no podría explicar su inocencia, pero buscaría la manera de vengarse de su manipulador.
Las llamas se propagaron rápidamente por la cueva, llegando hasta el techo y provocando que grandes rocas se ablandaran y cayeran en picada. Víctor corría sin cesar, impulsado por la energía que le había brindado la fruta del árbol. Se sentía pleno físicamente y visualizó la entrada por donde había llegado. Aceleró su carrera, pero en un instante, Djevel, el jinete, lo alcanzó y con sus patas lo golpeó con fuerza, haciéndolo caer de cara al suelo duro.
El impacto fue brutal. El jinete saltó del lomo de djevel y se acercó a Victor, que yacía malherido. Lo giró violentamente y pudo observar la sangre que brotaba de su nariz y cubría toda su cara. Incluso los dientes frontales se le habían caído. Sin mostrar piedad, el jinete sacó de la parte trasera de su taparrabo un cuchillo rudimentario, fabricado con una piedra.
Agachado junto a presa, tomó su cuello con fuerza y, con una voz amenazante, le dijo: "Es hora de pagar por tu estupidez".
De repente, una gran roca se desprendió del techo y golpeó a Djevel, que se encontraba en el aire. El grito de la criatura llamó la atención de su jinete, quien giró rápidamente para ver qué había pasado. En esos segundos, Victor aprovechó para golpear al hombre con una patada en el pecho, alejándolo de él. A duras penas, el hombre se levantó y continuó continuo con el escape. Mientras que Djevel cayó precipitadamente al suelo.
La salida de la cueva parecía estar a kilómetros de distancia, pero él siguió corriendo sin detenerse. Antes de salir, observó cómo varias figuras entraban velozmente por la cueva, incluyendo a los amigos de Héctor. Se escondió detrás de una piedra para evitar ser visto por ellos, y vio cómo cientos de criaturas entraban para intentar detener el fuego.
Después de que todos ingresaron a la cueva, salió corriendo lo más rápido que pudo.
Sin embargo, la sangre que le cubría la cara le dificultaba respirar con normalidad. Aunque sabía que tarde o temprano lo perseguirían, esperaba que tardaran un buen tiempo en encontrarlo. Finalmente, se detuvo al lado de un árbol, diciendo en voz alta: "La cabaña, debo regresar a la cabaña". Continuó corriendo, mirando al cielo de vez en cuando en busca de Djevel.
Después de varios minutos de carrera, creyó que se había librado de la persecución. Sin embargo, de repente escuchó el grito de Djevel a lo lejos, y maldijo para sí mismo. Sus piernas comenzaron a pesarle, y sintió que se desvanecería en cualquier momento. De repente, escuchó un ruido extraño y la noche era iluminada de forma tenue gracias a la luz de la luna.
Sabía que las criaturas lo estaban persiguiendo y que pronto lo atraparían.
Tomó aire y continuó corriendo hasta que finalmente llegó a su cabaña, la cual estaba en ruinas debido al ataque del oso. Exhausto por el esfuerzo, se dejó caer en las escaleras de la entrada y trató de recuperar el aliento lo más rápido posible. Necesitaba encontrar un arma para defenderse o al menos conseguir un poco de agua. No quería morir sediento y mucho menos sin haber peleado.
Cuando finalmente se puso de pie, notó que las criaturas lo estaban observando desde la distancia, tanto animales pequeños como grandes, incluso los ex-amigos de Héctor lo miraban con furia, sus ojos parecían arder en llamas de ira. Permanecieron quietos, expectantes, mientras Víctor los observaba con cautela.
-¿Qué están esperando?- Gritó con rabia, desafiándolos.
En ese momento, Djevel descendió de los cielos, pero sin su jinete. De repente, el jinete apareció desde la oscuridad de la cabaña y lo apuñaló por la espalda con su cuchillo, atravesándolo sin piedad.
-¡Te atrapé! -dijo el jinete con una voz llena de furia, agarrando a Víctor por el cuello y arrastrándolo hacia la oscuridad de la cabaña.
Continuara