Recibir notificaciones

¿Deseas recibir notificaciones de BitBook Lite?

Descarga la aplicación

Descarga la aplicación móvil de BitBook Lite para obtener una mejor experiencia en tu dispositivo.

Hola, mundo

Mensaje largo...

Haz click en la pantalla para cerrar

Nuevo post

Publicar
Cargando...

Categorías del post

Cargando...

Aquí debería haber un mensaje...

Aquí debería haber un mensaje...

Descartar Aceptar

Guardar y cerrar

Normal

Claro

Noche

Noche clara

Sepia

Cargando...

BitBook Lite

Lectura en voz alta

Voz

Volumen: 100

Velocidad: 1

Tono: 1

Desplazar a una parte del libro:

Desplazar

Botón de play / pausa:

Mostrar / Ocultar

Reanudar

Pausar

Siguiente

Anterior

Añadir canción

Volumen

Tiempo

Cerrar menú

Reproduciendo

Temas

Crear tema

Capítulo 2: Reencuentro

Lucas se sentó en el sofá de su departamento, con una botella de whisky en la mano y la televisión encendida. No le prestaba atención a lo que pasaba en la pantalla, solo quería distraerse del dolor que sentía en el pecho. Hacía dos semanas que Sofía lo había dejado, y todavía no podía superarlo. No podía dejar de pensar en ella, en lo que habían compartido, en lo que habían perdido.

Se levantó y fue a la ventana. Miró el cielo nocturno, buscando una estrella que le diera una señal, una esperanza, una respuesta. Pero solo vio oscuridad. Se sintió solo, vacío, abandonado. Se preguntó dónde estaría Sofía, qué estaría haciendo, con quién estaría. Se preguntó si alguna vez volvería a verla, a hablarle, a tocarla.

De repente, su móvil sonó. Era un mensaje de su mejor amigo, Martín. Decía:

"Lucas, ¿dónde estás? Ven al bar de siempre, hay una fiesta. Te va a hacer bien salir un poco. Te espero."

Lucas dudó. No tenía ganas de salir, de divertirse, de fingir que todo estaba bien. Quería quedarse en su casa, encerrado, ahogando sus penas. Pero sabía que Martín tenía razón. No podía seguir así, hundiéndose en la depresión. Tenía que reaccionar, seguir adelante, recuperar su vida.

Se cambió de ropa, se peinó, se perfumó. Se miró al espejo y se dio ánimos. Se dijo que era joven, guapo, inteligente. Que podía conseguir lo que se propusiera. Que Sofía no era la única mujer en el mundo. Que había muchas más esperándolo.

Salió de su departamento, tomó un taxi y se dirigió al bar. Al llegar, vio a Martín en la puerta, rodeado de amigos. Martín lo vio y le hizo señas. Lucas se acercó y lo abrazó.

- ¡Lucas, qué bueno que viniste! - dijo Martín, sonriendo.

- Hola, Martín. Gracias por invitarme - dijo Lucas, forzando una sonrisa.

- Vamos, entra. Te presento a unas chicas que te van a encantar - dijo Martín, tirando de su brazo.

Lucas entró al bar, siguiendo a Martín. El lugar estaba lleno de gente, música y luces. Lucas se sintió abrumado por el ruido, el calor y el movimiento. No estaba acostumbrado a ese ambiente, hacía mucho que no salía de fiesta. Se preguntó si había hecho bien en ir.

Martín lo llevó hasta una mesa donde había cuatro chicas sentadas, bebiendo y charlando. Lucas las miró y reconoció a una de ellas. Era Laura, una compañera de trabajo. Las otras tres eran desconocidas para él.

- Hola, chicas. Les presento a Lucas, mi mejor amigo - dijo Martín, señalando a Lucas.

- Hola, Lucas. Mucho gusto - dijeron las chicas, saludándolo con la mano.

- Hola, chicas. Mucho gusto - dijo Lucas, devolviendo el saludo.

- Lucas, esta es Laura, ya la conoces. Trabaja contigo - dijo Martín, presentando a Laura.

- Hola, Laura. Qué sorpresa verte aquí - dijo Lucas, sonriendo.

- Hola, Lucas. Sí, es una sorpresa. No sabía que eras amigo de Martín - dijo Laura, devolviendo la sonrisa.

- Sí, somos amigos desde la infancia. ¿Y tú? ¿Cómo conoces a Martín? - preguntó Lucas, curioso.

- Lo conocí hace un mes, en una fiesta. Es muy simpático - dijo Laura, mirando a Martín con complicidad.

- Sí, eso dicen - dijo Lucas, notando el coqueteo entre ellos.

- Y estas son Ana, Carla y Sofía - dijo Martín, presentando a las otras tres chicas.

- Hola, Ana. Hola, Carla. Hola, Sofía - dijo Lucas, saludándolas una por una.

- Hola, Lucas - dijeron Ana y Carla, sonriendo.

- Hola, Lucas - dijo Sofía, mirándolo fijamente.

Lucas se quedó helado al escuchar el nombre de Sofía. Levantó la vista y se encontró con los ojos de la chica que tenía enfrente. Eran unos ojos verdes, profundos, intensos. Unos ojos que le resultaban familiares. Unos ojos que le recordaban a los de otra Sofía. La Sofía que lo había dejado.

Lucas sintió un escalofrío. No podía ser. No podía ser la misma Sofía. No podía ser que el destino fuera tan cruel. No podía ser que la mujer que lo había hecho sufrir tanto estuviera ahí, frente a él, en el mismo bar, en la misma mesa, con el mismo nombre.

Pero era ella. Era la misma Sofía. Era la mujer que había amado y que lo había abandonado. Era la mujer que había desaparecido de su vida y que ahora reaparecía. Era la mujer que le había roto el corazón y que ahora se lo volvía a romper.

Lucas no supo qué hacer. No supo qué decir. No supo cómo reaccionar. Solo pudo quedarse mirándola, sin poder creerlo, sin poder entenderlo, sin poder soportarlo.

Sofía también lo miró, con la misma sorpresa, la misma incredulidad, la misma angustia. Reconoció a Lucas, al instante. Reconoció su rostro, su voz, su mirada. Reconoció al hombre que había dejado y que ahora volvía a ver. Reconoció al hombre que había sido su amor y que ahora era su dolor.

Sofía tampoco supo qué hacer. Tampoco supo qué decir. Tampoco supo cómo reaccionar. Solo pudo quedarse mirándolo, sin poder creerlo, sin poder entenderlo, sin poder soportarlo.

Los dos se quedaron así, paralizados, mudos, atónitos. Los dos se quedaron así, mirándose, sintiendo, sufriendo. Los dos se quedaron así, sin saber qué hacer, sin saber qué decir, sin saber cómo reaccionar.

Los dos se quedaron así, hasta que Martín rompió el silencio.

- ¿Qué pasa? ¿Se conocen? - preguntó Martín, extrañado por la reacción de Lucas y Sofía.

- Sí - dijo Lucas, con voz ronca.

- Sí - dijo Sofía, con voz temblorosa.

- ¿Sí? ¿De dónde? - insistió Martín, intrigado.

- De... de... - balbuceó Lucas, buscando una excusa.

- De... de... - tartamudeó Sofía, buscando una salida.


- De... de... ¡De qué! - exclamó Martín, impaciente.

- De... de... ¡De nada! - gritaron Lucas y Sofía, al unísono.

- ¿De nada? ¿Cómo que de nada? - preguntó Martín, confundido.

- De nada, de nada, de nada - dijeron Lucas y Sofía, al unísono.

- Bueno, bueno, bueno. No se pongan nerviosos. No es para tanto. Solo era una pregunta - dijo Martín, tratando de calmarlos.

- Lo siento, Martín. Es que... es que... - dijo Lucas, tratando de explicarse.

- Lo siento, Martín, es que... - dijo Sofía, tratando de disculparse.


- Es que... es que... ¡Es que qué! - exclamó Martín, impaciente.

- Es que... es que... ¡Es que nos tenemos que ir! - gritaron Lucas y Sofía, al unísono.

- ¿Qué? ¿Cómo que se tienen que ir? ¿A dónde? ¿Por qué? - preguntó Martín, sorprendido.

- A... a... - balbuceó Lucas, buscando una razón.

- A... a... -


Lucas y Sofía salieron corriendo del bar, sin despedirse de nadie. Se subieron al coche de Sofía y arrancaron, sin rumbo fijo. Los dos estaban nerviosos, confundidos, asustados. No sabían qué decirse, ni cómo mirarse, ni qué sentir.

Lucas rompió el silencio.

- Sofía, ¿qué haces aquí? ¿Qué significa esto? - preguntó Lucas, con voz angustiada.

- Lucas, yo... yo no sé. No lo sé. Fue una casualidad. Una mala casualidad - respondió Sofía, con voz temblorosa.

- ¿Una casualidad? ¿Una mala casualidad? No me vengas con eso, Sofía. No me mientas. No me vuelvas a mentir - dijo Lucas, con voz dura.

- Lucas, por favor. No me grites. No me trates así. No es justo - dijo Sofía, con voz suplicante.

- ¿No es justo? ¿No es justo? ¿Y qué es justo, Sofía? ¿Qué es justo para ti? ¿Dejarme tirado en la playa, sin darme ninguna explicación? ¿Desaparecer de mi vida, sin darme ninguna razón? ¿Reaparecer en mi vida, sin darme ninguna disculpa? ¿Qué es justo para ti, Sofía? - dijo Lucas, con voz furiosa.

- Lucas, yo... yo te entiendo. Te entiendo y te pido perdón. Te pido perdón por todo lo que te hice. Por todo lo que te hago. Pero te juro que no fue fácil. No fue fácil para mí. No fue fácil dejar de amarte - dijo Sofía, con voz sincera.

- ¿Dejar de amarme? ¿Dejar de amarme? ¿Y cuándo dejaste de amarme, Sofía? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? - dijo Lucas, con voz desesperada.

- Lucas, yo... yo no sé. No sé cuándo, ni cómo, ni por qué. Solo sé que un día me desperté y sentí que algo había cambiado. Que algo se había roto. Que algo se había ido. Que algo faltaba. Que algo sobraba. Que algo no era lo mismo. Que algo no era lo que yo quería. Que algo no era lo que tú merecías - dijo Sofía, con voz triste.

- ¿Y qué era ese algo, Sofía? ¿Qué era ese algo que te hizo cambiar? ¿Qué era ese algo que te hizo dejarme? ¿Qué era ese algo que te hizo olvidarme? ¿Qué era ese algo que te hizo volver? ¿Qué era ese algo que te hace estar aquí? ¿Qué es ese algo, Sofía? ¿Qué es? - dijo Lucas, con voz ansiosa.

- Lucas, yo... yo no puedo decírtelo. No puedo. No debo.  Es un secreto que me atormenta, que me consume. Un secreto que no puedo compartir, que no puedes saber, que te haría sufrir.  - dijo Sofía, con voz angustiada...